Microrelato. La huida

8 Ago

Microrelato. La huida

Autora: Samia Benaissa Pedriza

La huida

La huida. Autor: Drew Geraets (Licencia CC)

Jonás abandonó en silencio la casa amparado por la oscuridad de la medianoche. Intentó no hacer ruido al abrir la puerta del coche y encender el motor. No se sentía orgulloso de dejar solas a June y a la pequeña Margareth con las deudas acumuladas y a expensas del casero al que ya debían tres meses de alquiler. Pero tenía que huir, dejar atrás aquel pueblucho perdido en medio de la nada. Volvería a buscarlas en cuanto tuviera ocasión. Esperaba que pudieran perdonarle.

Nada había salido como habían planeado cuando June y él se conocieron cinco años atrás. Sin un trabajo estable y de alquiler en aquella vivienda destartalada solo le quedaba  en propiedad su viejo Oldsmobile del 98, un recuerdo de un pasado lejano pero esperanzador.

Jonás se convenció de que no era un cobarde, solo necesitaba tiempo para pensar, ordenar sus ideas, comenzar una nueva vida lejos de allí. Echó un vistazo por última vez al puente sobre el río Trinidad antes de enfilar la carretera comarcal hacia un destino desconocido.

La noche lo envolvió con su aire caliente y húmedo. Llevaba recorridas ochenta millas cuando el cielo comenzó a cubrirse de nubes. Sintió la resistencia del viento cada vez con más fuerza a través de la ventanilla abierta. Un relámpago azul se enroscó a lo lejos.

Conectó la radio. En la SWKY sonaba Hold on, un tema antiguo de Tom Waits: “when there´s nothing left to keep you here, when you´re falling behind in this big blue world, oh, you got to hold on”.

–Muy apropiado –pensó.

El indicador del depósito de gasolina le venía avisando desde hacía más de media hora. Tenía que repostar pronto o se quedaría tirado en medio del desierto californiano. Y lo último que deseaba era tener que enfrentarse solo a la amenazadora tormenta de verano que se estaba fraguando justo encima de su cabeza.

La tormenta eléctrica se acercaba

La tormenta eléctrica se acercaba. Autor: jwondga-d5hiz3u (Licencia CC)

Para colmo de males comprobó que el motor de su Oldsmobile se recalentaba por momentos. El vehículo tenía ya casi quince años de vida y estaba claro que no iba a aguantar mucho más. –Vamos viejo amigo, tienes que llevarme hacia un destino mejor, ¿no irás a dejarme tirado ahora, verdad? –.Un trueno rompió el silencio de la noche. Por el tiempo transcurrido entre la aparición de los primeros rayos y el sonido atronador calculó que tendría la tormenta encima en menos de una hora. Tenía que detenerse necesariamente en la próxima gasolinera que surgiera en el horizonte.

La presencia de rayos era constante en la autopista

La presencia de rayos era constante en la autopista. Autor: James Bo Insogna (Licencia CC)

Había comenzado a llover. Jonás vio a lo lejos el cartel anunciador. “Estación de servicio”, rezaba la insignia de neón. Llenaría el depósito, compraría refrigerante para el motor y se marcharía sin demora en busca de un motel cercano en el que pasar la noche. Esperaba que el dependiente no le hiciera preguntas, no estaba de humor para conversaciones nocturnas.

“Pruebe el mejor café de la ciudad. El café de Martin”, leyó en la entrada. Martin debía ser el dueño y señor de aquel tugurio de carretera con zona de repostaje.

La gasolinera apareció como surgida de la nada

La gasolinera apareció como surgida de la nada. Autor: Jim Crossley (Licencia CC)

Llenó el depósito del Oldsmobile y entró en el café-colmado para abastecerse de provisiones. Añadió unas cervezas. Iba a necesitar templar esos nervios si quería llegar sano y salvo a su destino.

–¿Algo más, señor? – le preguntó la cajera, casi una adolescente, detrás del mostrador–. –¿No quiere probar el café de Martin? Es la especialidad de la casa.

–Otra vez será.

–En realidad hace años que Martin Wilson dejó de regentar este lugar. Se jubiló y se fue a  vivir a Florida, pero su café sigue atrayendo a los clientes, ¿sabe?

Jonás asintió con desinterés. Lo último que quería era entablar una conversación con aquella locuaz y desocupada chica.

–¿Cuánto es?

–Son treinta dólares con setenta y cinco centavos, señor. Gasolina incluida. Que tenga un buen viaje.

Jonás salió del café, abrió una lata de cerveza y le dio un sorbo antes de comenzar a refrigerar el motor del Oldsmobile. Pronto se puso de nuevo en marcha. Cuarenta minutos después de dejar atrás la estación de servicio, la tormenta había dejado de ser una amenaza para convertirse en una certeza. Un cúmulo de nubes concéntricas avanzaba en la misma dirección que el Oldsmobile de Jonás, solo que mucho más rápido. Jonás se dio cuenta de que en pocos minutos el núcleo de la tempestad sobrevolaría su mismo espacio.

De pronto comenzó a llover con una intensidad inusitada. Los rayos alumbraban el paisaje desértico a un ritmo estroboscópico. Las rachas de viento azotaban sin consideración los cristales del vehículo y el estruendo que Jonás soportaba en sus oídos era infernal. Había escuchado antes historias sobre tormentas de verano, pero ninguna le resultó tan aterradora como la que estaba protagonizando en aquellos momentos.

La tormenta rotaba en superceldas encima de la carretera

La tormenta rotaba en superceldas encima de la carretera. Autor: Fir0002/Flagstaffotos (Licencia CC)

Jonás se dio cuenta de que aquella tormenta eléctrica no era usual. Demasiada energía, demasiada presión en la atmósfera, demasiada violencia. El coche comenzó a dar bandazos. No podía controlar la dirección, una fuerza incontrolable le impulsaba hacia arriba. La radio se sintonizó como por arte de magia y Hold on volvió a sonar entre el ruido ensordecedor: “Take my hand, I´m standing right here. You got to hold on”.

Sintió pánico. ¿Qué estaba ocurriendo? Su teléfono móvil no tenía cobertura, pero en la radio seguía sonando Tom Waits. –¡Para ya de tararear, imbécil!

Y de repente sucedió. – ¡Dios, no puedo ver nada, no puedo moverme, ni siquiera respirar! ¡Que alguien me ayude!

***************

Jonás se despertó en el interior del automóvil, aparcado a un lado de la carretera. Amanecía. La vista entre el cielo y la tierra del desierto californiano era espectacular. Pero Jonás estaba demasiado aturdido y desorientado para apreciarlo, no se acordaba de casi nada de lo que había ocurrido la noche anterior. Recordaba su huida y la tormenta, pero no sabía dónde se encontraba, ni como había llegado hasta allí. La autopista parecía estar en el mismo lugar en el que la había dejado la noche anterior pero no reconocía el entorno. No había ninguna señal en el camino que le indicara la localización y la interestatal estaba desierta a aquella prematura hora de la mañana. Decidió reanudar la marcha si es que su viejo Oldsmobile se lo permitía.

Los recuerdos se agolpaban en su viaje de ida por el desierto

Los recuerdos se agolpaban en su viaje de ida por el desierto. Autor: Steven Janke (Licencia CC)

Recordó haber repostado en una gasolinera. Poco a poco su cerebro se ponía en marcha, pero necesitaba una buena dosis de cafeína para despejarse por completo. Tres millas mas tarde vio la señalización métrica de la vía y una milla más adelante apareció en la distancia una estación de servicio. Necesitaba un café doble y un analgésico potente para aliviar la colosal migraña que tenía instalada en su cabeza. No recordaba haber bebido pero se sentía resacoso, como en los viejos tiempos, cuando solía emborracharse con sus colegas del instituto los fines de semana en que los Nicks jugaban en casa.

“La estación de servicio a su servicio. Abierto 24 horas"

“La estación de servicio a su servicio. Abierto 24 horas”. Autor: David dbking. (Licencia CC)

“Pruebe el mejor café de la ciudad. El café de Martin”, decía la inscripción en la entrada del café de la estación de servicio. Entró en la cantina donde algunos clientes saboreaban ya los primeros cafés del día acompañados de bollos recién horneados. Un hombre de mediana edad con uniforme de camarero se dirigió a él.

–¿Qué te pongo, muchacho? ¿Uno de mis famosos cafés? Apuesto a que lo quieres solo con mucho azúcar. ¿Me equivoco?

No se equivocaba. –Gracias, tomaré un expresso.

El “jefe” se puso manos a la obra. Autor: atmtx (Licencia CC)

El “jefe” se puso manos a la obra. Autor: atmtx (Licencia CC)

El comedor  le resultaba familiar. Demasiado familiar. Había estado antes en aquel lugar. Para ser exactos la noche anterior. Le había atendido una joven dependienta tras ese mismo mostrador que sorprendentemente ahora aparecía repleto de apetitosas tortitas, bollos de canela y fragantes tartas de limón. Los taburetes y las mesas lucían mucho más nuevos de lo que le habían parecido justo unas horas antes. Pero aquel hombre no podía ser Martin. Martin estaba jubilado y vivía en Florida.

–¿No se llamará usted Martin, por casualidad? –le preguntó Jonás.

–Pues claro, chaval. Soy el fundador de este lugar. Mi café es legendario en veinte millas a la redonda. ¿No has visto el letrero al entrar?

Echó un vistazo rápido a la puerta de entrada pero sus ojos se detuvieron en otro objeto, situado del otro lado de los ventanales. Su Oldsmobile seguía esperándole. La carrocería ya no estaba abollada. El parachoques estaba nuevo a estrenar y la pintura refulgía. ¿Estaba teniendo una alucinación?

El Oldsmobile descansaba renovado de su periplo por la carretera

El Oldsmobile descansaba renovado de su periplo por la carretera. Autor: Brandon Doran (Licencia CC)

Sintió como un escalofrío le sacudía la espina dorsal. Estaba seguro de haber recorrido más de treinta millas en dirección norte después de repostar en aquella misma estación la noche anterior. Fue entonces cuando le alcanzó la tormenta.Se dio la vuelta y contempló de nuevo el lugar. La escena le resultaba irreal. Todo parecía estar en orden y sin embargo intuía que algo no encajaba del todo. Se llevó la mano al bolsillo del pantalón en un intento de localizar su móvil. Había desaparecido.

–¿Puedo realizar una llamada desde su móvil? Creo que he perdido el mío –le preguntó al dueño.

–Claro, chico –le respondió este.

Martin le entregó un añejo modelo de la marca Nokia. Debía ser tan antiguo que Jonás dudó de que llegara realmente a funcionar. En aquel lugar perdido la civilización se resistía a evolucionar. Se apartó de la barra y marcó el número de June. Por casualidad fijó la vista en el espejo de detrás del mostrador. Un joven veinteañero le devolvió la mirada. El pelo castaño y rizado sujeto hacia atrás en una cola de caballo, el rostro imberbe, la camisa de cuadros de franela y el vaquero descolorido eran inconfundibles. El  tatuaje en el antebrazo derecho no dejaba lugar a dudas. Era el símbolo de los Nicks que Jonás se había tatuado en el último año de instituto.

De fondo escuchó una canción. El local tenía sintonizado el hilo musical. –”Acabáis de escuchar Hold on, el nuevo tema de Tom Waits, de su álbum Mule Variations, recién salido al mercado. Buenos días, California, soy Brad Walters, y estáis sintonizando la SWKY”–.

Jonás dejó caer el móvil y corrió hacia el expositor de periódicos.

–¿Qué día es hoy? –le gritó al dueño del establecimiento.

–Muchacho, ¿no habrás estado bebiendo? No quiero problemas en mi local.

–¿Qué día es hoy? –repitió con desesperación.

–Siete de agosto, hijo.

–¿De qué año? –Jonás gimoteó.

El hostelero enmudeció. Tras una pausa que a Jonás le resultó insoportable contestó:

–1999, por el amor de Dios, muchacho, ¿pero qué mosca te ha picado?

+ info:

Hold On, tema nominado a los premios Grammy del álbum Mule Variations, de Tom Waits (ANTI-, 1999). Duración: 4:23 minutos. Fuente Vimeo:

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