Isabel Carrasco: se ha escrito un crimen

16 May

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Pasarela sobre el río Bernesga en León.

Pasarela sobre el río Bernesga en León. Autor: Santiago Pastrana (Licencia CC).

Hay ocasiones en que la realidad supera a la ficción. Y el reciente asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, es una de ellas. La desaparición de la política del PP acribillada a tiros en una pasarela sobre el río Bernesga podría formar parte del guion de un episodio de la popular serie de televisión Se ha escrito un Crimen, protagonizada por la entrañable Jessica Fletcher.

Pero no. A Isabel Carrasco, para muchos “Maléfica”,  “la bruja mala del Oeste”, “la madrastra de Blancanieves” o como quiera llamársele, –parece existir un consenso sobre el modo en que  gobernaba con mano de hierro tanto la Diputación como la delegación de su partido en León- la asesinaron a plena luz del día dos mujeres de carne y hueso, madre e hija, con las que parecía compartir una enemistad que venía de lejos.

Pero lo verdaderamente llamativo de los hechos no es tanto el propio acto, ni siquiera el móvil o el escenario del crimen. Lo que de verdad atrae la atención en este caso es la reacción que la muerte de la expresidenta ha suscitado entre sectores significativos de la ciudadanía, que no han dudado lo más mínimo en volcar sus más abiertas opiniones en las redes sociales. Las declaraciones de usuarios que se alegraban o justificaban el fallecimiento de Carrasco -en ocasiones rayando la conducta delictiva- o que incluso incitaban a cometer más asesinatos de políticos a manos de la ciudadanía se han venido sucediendo en los últimos días.

El aparato judicial se ha puesto en marcha rápidamente con las primeras detenciones de usuarios de redes sociales que presuntamente han proferido amenazas o efectuado en Internet una apología del delito, en este caso, el asesinato. Toda la clase política sin excepción ha condenado el homicidio de Isabel Carrasco, pero las voces no han sonado tan unánimes cuando se trataba de opinar sobre la oportunidad de restringir la libertad de expresión de los ciudadanos en las redes sociales.

El problema, de índole jurídica- ¿dónde está el límite de la conducta de apología para la comisión de asesinato tipificada por el artículo 141 del Código Penal?- tiene visos de convertirse en un conflicto ético que afecta a los principios morales por los que se rige una determinada sociedad. ¿Se debe mirar o no con los mismos ojos el asesinato de un feroz dictador como Sadam Hussein y el de una política que ejerce su labor profesional en democracia, por muy impopular que sea su gestión? ¿Debemos perseguir o, por el contrario, alentar el “terrorismo ciudadano”? ¿Puede legítimamente la ciudadanía, hastiada por la mala actuación de la clase política, tomarse la justicia por su mano?

Leer artículo de opinión completo.

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