Cuento de Navidad. “Granada, nochebuena de 1492”

24 Dic

Felices fiestas desde Blogosphera

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Panadero medieval y su ayudante.

Panadero medieval y su ayudante. Imagen de dominio público.

Renata freía buñuelos al calor de la lumbre. Era ya noche cerrada y su esposo, maestro pastelero, no había regresado aun de vender los últimos dulces navideños en aquella nochebuena del año de gracia de 1492. ¿Qué estaría haciendo Jacinto a esas horas? ¿Habría tenido algún percance en el camino? Las calles estaban tan nevadas que a ella misma le resultaba difícil desplazarse por el burgo.

Renata decidió salir al encuentro de su esposo. Salió por la puerta trasera del obrador, cubierta por varias capas de abrigo. Recorrió con cuidado las callejas que conducían a la plaza. Apenas quedaba nadie en el exterior. Eran casi las ocho y lo que más deseaban los habitantes del cristiano Reino de Granada era apiñarse alrededor de una suculenta mesa junto a sus seres queridos.

Renata divisó un bulto tirado a pocos metros de una carreta volcada en la nieve. -“¡Jacinto!”-. Angustiada, corrió hacia el cuerpo magullado e inerte. A su alrededor, esparcido por la superficie nívea, yacía un cargamento de dulces de aguamiel. Volteó el hombro del herido, sorprendida por lo que vio. No era Jacinto, sino un maltrecho desconocido que abrazaba a un niño de unos doce años de edad. Ambos eran moriscos.

El hombre gimió en silencio. Su mirada imploraba la ayuda de Renata. Bajó la vista hacia el niño, impotente. La mujer lo cogió en brazos y lo trasladó tan rápido como pudo a su hogar. El hombre seguía sus pasos a duras penas, sin pronunciar palabra.

-“¡Aprisa, Miguel! ¡Acude a casa del galeno!”, exhortó Renata a su hijo menor. El muchacho corrió en busca del médico mientras su madre empapaba unos paños en agua fría.

El niño, empezó a recuperar la conciencia. Parecía asustado y desorientado. Miró a Renata sin comprender lo que había pasado. -“¿Estás bien, pequeño? Te encontré en la nieve, junto a tu padre. Estabais muy malheridos. ¿Recuerdas qué ocurrió? ¿Volcasteis a causa del temporal, verdad?”-.

El niño sollozó al recordar la tragedia: -“Mi madre… mi padre…”

-“No te apures, tu padre está aquí”, le tranquilizó Renata. El hombre observó a su hijo con una mirada de alivio y a la vez de profunda tristeza.

En ese instante una puerta se abrió y Jacinto apareció en el umbral de su morada. -“¡Jacinto!”, suspiró Renata.  -“¡Creí que te había pasado algo! Este niño y su padre han sufrido un accidente. Salí a buscarte y los encontré tendidos en la calzada. Necesitan nuestra ayuda”.

-“El galeno ya viene, madre”, avisó Fernando, el hijo mediano de los pasteleros.

Tras comprobar que el muchacho no tenía nada grave, el físico le recomendó reposo y buenos alimentos.

-“Jimena, trae algo de comer a este mocito y a su padre.  Esta nochebuena va a ser especial”, se animó Renata.

-“Enseguida, madre”, contestó la hija mayor, algo confusa.

-“Prueba un buñuelo, hijo, te sentirás mejor”-. El niño se incorporó despacio. Finalmente se atrevió a dar un bocado. -“Así está mejor”, sonrió Renata. -“¿Cómo te llamas?”.

– “Hamza”, respondió  el morisco.

-“¿Recuerdas que pasó?”

– “Mis padres y yo volvíamos de la ciudad de vender dulces para vuestra fiesta cristiana. Mi padre iba muy deprisa, tenía miedo de que la nevada nos impidiera regresar a casa.  Mi madre le rogaba que fuese más despacio pero no le hizo caso. Los caballos tropezaron y caímos con los restos de la venta ambulante.”

“La Carreta”, obra del pintor uruguayo Ernesto Laroche.

“La Carreta”, obra del pintor uruguayo Ernesto Laroche. Imagen de dominio público.

Hamza interrumpió su relato. Tenía un nudo en la garganta. Las lágrimas asomaron a sus ojos negros: -“Mis padres quedaron atrapados entre las ruedas”,  “no sobrevivieron”, se lamentó.

El muchacho debía seguir aturdido, pensó Renata. -“Hamza, tu padre no ha muerto. Te protegía con su cuerpo. ¡Él está aquí, en esta habitación!”

Renata buscó al hombre con la mirada pero el morisco no se encontraba en los aposentos. –“¿A dónde ha ido?”-.  Renata salió al gélido patio exterior. Lo buscó por todas partes. -“¡Señor! ¡Nadie va  a denunciarle! ¡Vuelva, por favor!”

Jimena la obligó a entrar. -“Madre, no hay ningún hombre.  Trajiste solo al muchacho”.

Fernando corroboró sus palabras. -“¡Me tomáis por loca, lo habéis visto tan bien como yo!”, exclamó la mujer del pastelero.

Jacinto intervino: -“Tengamos la fiesta en paz. Es nochebuena, por el amor de Dios. Hamza debe descansar. Mañana investigaré qué le ha ocurrido a su familia” .

Al día siguiente Jacinto supo que los cuerpos de dos moriscos habían sido encontrados bajo un carruaje cargado con dulces navideños. Su dueño era un pastelero llamado Abdul. A su lado yacía su esposa Miriam, la madre de Hamza.

***************

El pequeño Hamza fue acogido por la familia del pastelero Jacinto el día de Navidad de 1492. El niño continuó el oficio que había comenzado a aprender con su padre, el hornero Abdul, hasta que la persecución religiosa le obligó a alejarse de su familia adoptiva.

Jacinto le había enseñado a elaborar recetas originales de hojaldres y pastas que el muchacho enriqueció con miel y  pasta de almendra. En la navidad de 1502, Hamza, el repostero, inventó una masa de miel, huevo y almendra que bautizó con el nombre de “turrón”. Por aquel entonces aun no sabía que, en poco tiempo, su creación se convertiría en uno de los dulces navideños más demandados por la nobleza castellana y, con el devenir de los siglos, en una de las especialidades navideñas más típicas.

+ info:

Turrón de Alicante y de Jijona.

Turrón de Alicante y de Jijona. Autor: La. Blasco (Licencia CC).

El turrón es un postre de origen árabe, incorporado a las tradiciones cristianas entre finales del siglo XV y principios del XVI. Se dice que la versión española del turrón nació en Alicante por esa época. Fueron las clases sociales más acomodadas las que introdujeron la costumbre de comer turrón durante las fiestas navideñas. La gran demanda, convertida posteriormente en popular, generó el origen de una especialidad culinaria y de todo un gremio pastelero: el de los maestros turroneros.

 

Buñuelos de moka y limón.

Buñuelos de moka y limón. Autora: Samia Benaissa Pedriza

El origen de los buñuelos es más controvertido. Algunas fuentes aseguran que se trata de un bollo cocinado por los judíos para celebrar la Janucá. Otras afirman que lo idearon los árabes de Granada. En América Latina se consumen por Navidad y en la tradición cristiana se suele decir que cuando se comen buñuelos de viento, un alma abandona el purgatorio.

 

Los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Imagen de dominio público.

Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, ordenaron  la práctica de la religión católica en todos los reinos cristianos tras la conquista de Granada en enero de 1492. Los judíos fueron expulsados de España ese mismo año. En 1502, los regentes acordaron la conversión obligatoria al catolicismo de los musulmanes de Al-Ándalus.  Algunos moriscos, conversos o no, optaron por abandonar el país. Los que se quedaron fueron perseguidos por Carlos V -el nieto sucesor de Isabel y Fernando-  hasta su expulsión, cien años después de la Reconquista.

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