Microrelato. El monje afortunado

11 Dic

Inspirado en un hecho real

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Meditando

Meditando. Fuente: Internet.

Sachio, el “nacido afortunado” subía con languidez los peldaños de acceso al templo. Durante el paseo había recogido un puñado de semillas y algunos frutos secos que había encontrado en el bosque, al pie de la montaña sagrada. Sus afilados tendones llamaban la atención en unas piernas endurecidas por el ejercicio físico y las largas caminatas.

Conocía bien la escalera en cuesta que conducía al santuario. Durante el trayecto solía pensar en los padres y hermanos que había dejado atrás cuando decidió ingresar en la Escuela de meditación. No había logrado desprenderse aun de sus recuerdos y en ocasiones echaba de menos a su familia. Sabía que esa actitud inquietaba a su maestro pero no era capaz de alejar de su mente aquellos pensamientos.

Estaba a punto de completar el período iniciático de 1.000 días sin apenas comer otra cosa que semillas de arce y pino negro. Al principio le había costado acostumbrarse y su cuerpo rechazaba la alimentación que recibía, pero con el tiempo había conseguido vencer las exigencias de la materia.

Sachio traspasó la puerta de acceso al templo. La pagoda de tres niveles apareció ante él. Por mucho que la contemplara nunca dejaría de maravillarse ante su presencia. Allí esperaba descansar eternamente como Buda, si lograba superar con éxito su entrenamiento.

El monje atravesó el recinto, recorriendo el espacio a los lados de las columnas de madera que soportaban el peso del templo. Sintió como le inundaba una sensación de respeto y paz interior. Siguió andando en línea recta y llegó hasta el Gran Salón dorado. Unos pasos más y estaría de vuelta en la sala de estudio monacal.

Sachio se preparaba para ser un sokushinbutsu, lo que implicaba someter su cuerpo y su mente a duras pruebas de resistencia. Ya había perdido gran parte de su grasa corporal y creía estar dispuesto a ingerir pronto las infusiones a base de raíces de urushi que completarían el proceso. Las pequeñas dosis del veneno que se diluiría gradualmente en su cuerpo facilitaría posteriormente la conservación de sus restos.

Culto budista

Culto budista. Imagen de dominio público.

Sachio era consciente de que se enfrentaba a una transformación lenta que podría no acabar como esperaba. Los próximos 1.000 días de su vida iban a transcurrir entre meditación, aislamiento y dolorosa expulsión de fluidos corporales. Cuando quedara prácticamente disecado le conducirían a un habitáculo en el que permanecería en soledad. Unos tubos de bambú le permitirían respirar hasta que llegase el momento. Cuando dejase de agitar la campanilla los demás sabrían que había traspasado el umbral.

El monje se sentó a ras de suelo en el pequeño salón y retomó el estudio de sus escritos. Al finalizar, se dirigió a su habitación. Quería comenzar a practicar los cánticos que debería entonar en la fase final del proceso. Adoptó la postura del loto e inició una larga letanía. El mayor temor de Sachio era no llegar a conseguir la budeidad. Otros monjes lo habían intentado pero solo unos pocos lo conseguían. Sabía que tras su muerte, habría que esperar otros 1.000 días para comprobar que su cuerpo permaneciese incorrupto. En caso contrario no se convertiría en Buda aunque sería recompensado con un funeral con honores. Pero Sachio no deseaba eso.

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Estatua de Buda

Estatua de Buda. Imagen de dominio público.

Mil años después de que Sachio se sometiese a un proceso de automomificación, el profesor Bécquer, un arqueólogo alemán, encontró entre los restos de un templo japonés del siglo XII una estatua de Buda conservada en su integridad. Un examen con rayos X reveló que en su interior figuraba un esqueleto momificado de un monje budista. El Buda había culminado su viaje.

+ info:

Monje budista momificado

Estatua de Buda examinada con escáner por investigadores holandeses en 2016. Fuente: Internet.

En 2016 un equipo de investigadores del museo de Drents en los Países Bajos encontró la momia del monje budista Liu Quan, miembro de la Escuela China de Meditación. Los exámenes practicados a los restos humanos determinaron que los órganos internos del monje habían sido sustraídos y sustituidos por escrituras en chino. Los científicos avanzaron la hipótesis de que el monje se había sometido a un procedimiento de automomificación que finalizaba con la introducción del cadáver, sentado en la posición del loto, en una estatua de Buda que era venerada en los templos.

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