Poema Aube. Victor Hugo

24 Dic

Felices fiestas desde Blogosphera

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Amanecer en invierno.

Amanecer en invierno. Fuente: Internet.

→Poema Aube, de Victor Hugo. Incluido en el capítulo IV, La religion est glorifiée, del recopilatorio Les Châtiments (1853):

Un immense frisson émeut la plaine obscure.

C’est l’heure où Pythagore, Hésiode, Epicure,

Songeaient ; c’est l’heure où, las d’avoir, toute la nuit,

Contemplé l’azur sombre et l’étoile qui luit,

Pleins d’horreur, s’endormaient les pâtres de Chaldée.

Là-bas, la chute d’eau, de mille plis ridée,

Brille, comme dans l’ombre un manteau de satin

Sur l’horizon lugubre apparaît le matin,

Face rose qui rit avec des dents de perles

Le boeuf rêve et mugit, les bouvreuils et les merles

Et les geais querelleurs sifflent, et dans les bois

On entend s’éveiller confusément les voix;

Les moutons hors de l’ombre, à travers les bourrées,

Font bondir au soleil leurs toisons éclairées;

Et la jeune dormeuse, entrouvrant son oeil noir,

Fraîche, et ses coudes blancs sortis hors du peignoir,

Cherche de son pied nu sa pantoufle chinoise.

 

Louange à Dieu! toujours, après la nuit sournoise,

Agitant sur les monts la rose et le genêt,

La nature superbe et tranquille renaît;

L’aube éveille le nid à l’heure accoutumée,

Le chaume dresse au vent sa plume de fumée,

Le rayon, flèche d’or, perce l’âpre forêt;

Et plutôt qu’arrêter le soleil, on ferait

Sensibles à l’honneur et pour le bien fougueuses

Les âmes de Baroche et de Troplong, ces gueuses!

Amanecer.

Amanecer. Fuente: Internet.

Traducción libre (por Samia Benaissa Pedriza):

Un inmenso escalofrío remueve la llanura oscura.

Es la hora en que Pitágoras, Hesíodo y Epicuro

Soñaban; Es la hora en que, cansados de haber contemplado,

Toda la noche, el azur sombrío y la estrella brillante,

Llenos de horror dormían los pastores de Caldea.

Allí, la cascada, arrugada por mil pliegues,

Brilla, como un manto de satén en la oscuridad;

Sobre el horizonte lúgubre aparece el día,

Rostro rosado que ríe con dientes de perlas;

El buey sueña y brama, los camachuelos y los mirlos

Y los grajos cantan, y en los bosques,

Se escucha el despertar confuso de las voces;

Las ovejas, lejos de la sombra, entre matorrales,

Relucen su pelaje claro bajo el sol,

Y la joven durmiente, entornando su ojo negro,

Fresca, y con los codos blancos sobresaliendo de la bata,

Busca con el pie descalzo su pantufla china.

 

¡Alabado sea Dios! Siempre, tras la noche soterrada,

Agitando sobre los montes la rosa y la retama,

La naturaleza soberbia y tranquila renace;

El amanecer despierta el nido a la hora acostumbrada,

La paja lanza al viento su pluma de humo,

El rayo, flecha de oro, atraviesa el áspero bosque;

Y antes que detener el sol, mudaríamos en

Honorables y buenas las fogosas

Almas de Baroche y de Troplong, ¡esas andrajosas!

 

+ info:

El escritor Victor Hugo en 1876.

El escritor Victor Hugo en 1876. Autor: Étienne Carjat. Dominio público.

El poeta y escritor Victor Hugo terminó de escribir Aube en Jersey (Reino Unido), el 28 de abril de 1853.

El poema vincula la religión católica con la espiritualidad de la naturaleza. En Aube menciona a tres filósofos griegos de la naturaleza: Pitágoras, Hesíodo y Epicuro. También se refiere a la región de Caldea, que en la Biblia dio lugar a la formación de la casta sacerdotal de magos y astrónomos de los caldeanos.

El poema pertenece al capítulo IV, La religión glorificada, de Los Castigos. Este capítulo es de los pocos en que Victor Hugo no carga las tintas en su crítica contra las instituciones del Estado francés y napoleónico del siglo XIX. Según el escritor, la religión católica, para él una fe verdadera, estaba siendo vilipendiada por sus defensores, y por ello solo confiaba en la justicia divina.

Jules Baroche fue presidente del Consejo de Ministros francés en 1853. Raymond Théodore Troplong fue un ilustre jurista francés, autor de un libro sobre la influencia del cristianismo en el derecho civil romano y de múltiples obras sobre la relación entre el derecho y la filosofía. Legitimó el golpe de estado de Napoleón III.

Cuando Los castigos se publicaron en 1853, apenas tuvieron éxito. Las duras críticas políticas que Victor Hugo incluyó en la obra no superaron la censura de la época: poseer o difundir el libro estaba castigado con penas de cárcel. Fue, de facto, un libro desconocido. Hubo que esperar hasta 1870, en otro contexto político de crisis, para que la obra obtuviese una repercusión y aceptación social sin precedentes.

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