Archivo | marzo, 2019

Las olas del feminismo y el #MeToo

8 Mar

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Reivindicaciones feministas

Reivindicaciones feministas a lo largo de la historia. Fuente: Internet.

En 2019 se cumplen 60 años desde que la muñeca Barbie se convirtiera en el icono de belleza por excelencia de las niñas de mediados del siglo XX. El ideal de mujer joven y rubia, sin apenas ocupaciones ni preocupaciones vitales que la muñeca encarnaba se correspondía con la realidad social predominante entre las mujeres de la época. Tras los avances conseguidos por el movimiento feminista, las niñas del siglo XXI pueden ahora imaginar con normalidad un futuro en el que Barbie gestiona con mano firme una empresa o dirige con éxito un país sin cortapisas. Pero la igualdad de derechos no es algo que se dé por sentado en todas las regiones del mundo, ni que se haya reconocido en todas las épocas.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer en un contexto de manifestaciones en defensa de los derechos de las mujeres a nivel mundial. Porque, a pesar de los avances, aún queda mucho para poder garantizar una convivencia equitativa entre sexos en los actuales modelos de sociedades. A la lucha contra las desigualdades educativas, sociales y salariales iniciada en épocas pasadas, se suma ahora el movimiento #MeToo, organizado desde un sector social con gran visibilidad pública y auspiciado por el poder de las redes sociales.

Cuanto pueda durar la atención de la opinión pública sobre las reivindicaciones feministas en la era de la sociedad en red es difícil de determinar, ya que la vida de las modas iniciadas en el universo digital suele ser efímera. Por ello, solo el tiempo dirá si estamos o no ante el inicio de una nueva ola del feminismo propiciada desde la cumbre, o si el #MeToo supone únicamente un episodio más de viralidad, sin más consecuencias que las generadas en su propio entorno virtual.

Primera ola del feminismo: las mujeres también piensan

Entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX no existían tecnologías capaces de difundir las ideas, las opiniones y el pensamiento tan rápidas como las actuales. Las mujeres eran representadas en el arte clásico como meros objetos cuya belleza y femineidad era exaltada y cuya imagen estaba indisolublemente asociada al cuidado del hogar y de la familia. Unos valores más propios de la Edad Media que del pensamiento moderno de la Ilustración. El siglo de las luces parece que solo se hizo por y para hombres. Filósofos como Jean-Jacques Rousseau o Emmanuel Kant, esgrimiendo razones basadas en la propia naturaleza femenina, opinaban que las mujeres no debían tener acceso a los derechos de ciudadanía. Pero las mujeres de su época y clase social no solo se dedicaban a organizar las labores domésticas de sus acomodados hogares, sino que también pensaban. Algunas damas de la nobleza y la alta burguesía dieron un paso adelante desde su cómoda, aunque limitada, posición de organizadoras de tertulias literarias y políticas en la Francia del siglo XVIII para reivindicar su valía intelectual. Las mujeres de los estratos sociales menos favorecidos hicieron otro tanto en los clubes patrióticos de mujeres, donde se reunían para intercambiar impresiones sobre política y cuestiones de actualidad.

Club de mujeres en el siglo XVIII.

Club de mujeres en el siglo XVIII. Fuente: Internet.

El tema de la igualdad formal de derechos ya se había abordado tiempo atrás por Marie Le Jars de Gournay (De l’Égalité des hommes et des femmes, en 1622) o por François Poullain de la Barre (De l’Egalité des deux sexes, en 1673). Pero en plena Revolución francesa, las ciudadanas querían gozar de derechos reales, razón por la cual en 1789 presentaron en la Asamblea Nacional su propio listado de demandas y quejas (Cahier de doléances). Dos años más tarde, Olympe de Gouges redactaba la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, que mejoraba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sin embargo, estas reivindicaciones no tuvieron eco entre los revolucionarios: Olympe de Gouges, defensora de los Girondinos y muy crítica con Robespierre, acabó guillotinada y los clubes de mujeres, prohibidos.

Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta. (Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, 1791)

Segunda ola: queremos votar

Si el siglo XVIII fue de las mujeres francesas, el siglo XIX lo fue de las inglesas. El sometimiento de la mujer (1869), de John Stuart Mill y Harriet Taylor, que inspiró el movimiento sufragista, y Vindicación de los derechos de la mujer (1792), de Mary Wollstonecraft, fueron las obras más significativas de este período. A finales del siglo XIX surgió en Francia el neologismo “feminismo”, creado a partir del término latino “fémina” (mujer), aunque esta nueva realidad no fuera del agrado de todos los intelectuales: el escritor Alexandre Dumas (hijo) no dudó en criticar abiertamente a los hombres que apoyaban el nuevo movimiento.

La abolición de la esclavitud en muchos países y la llegada de la Revolución industrial contribuyeron a impulsar las reivindicaciones de las clases sociales menos favorecidas. Aunque en los inicios las mujeres de color y las obreras se unieron al movimiento feminista, con el tiempo, decidieron seguir caminos separados para alcanzar sus legítimas aspiraciones.

En Inglaterra, Emmeline Pankhurst alcanzó notoriedad por liderar a un grupo de mujeres (las suffragettes) que reclamaban su derecho a votar. La película Las sufragistas (2015) retrata este momento crucial de la historia del Reino Unido, cuando también se reclamaban derechos educativos como el acceso de las mujeres a la universidad. En 1918 se reconoció el derecho al voto de las mujeres mayores de treinta años en Inglaterra y en Alemania. Dos años más tarde Estados Unidos también lo aprobaría a través de la promulgación de la 19ª enmienda. La década de los años veinte supuso un avance importante en la salvaguarda de los derechos políticos de las mujeres en el mundo occidental, si bien con ciertas restricciones (edad, posesión de determinados bienes como condición para poder votar).

Mujeres sufragistas en una manifestación en Nueva York (1912).

Mujeres sufragistas en una manifestación en Nueva York (1912). Fuente: Biblioteca del Congreso de EE.UU. Dominio público.

Las mujeres francesas e italianas tuvieron que esperar a la década de los años cuarenta para ver aprobado el derecho de sufragio universal en sus respectivos países. El derecho al voto se consideró una recompensa por el trabajo realizado durante la segunda guerra mundial, cuando muchas mujeres tuvieron que sustituir a sus maridos, desplazados al frente. Sin embargo, a su regreso, las mujeres volvieron a ocupar un papel meramente doméstico en la economía nacional.

Cartel “Rosie the Riveter”

Cartel “Rosie the Riveter”, también conocido por su lema, “We Can Do It”. En la actualidad constituye un símbolo feminista. La empresa americana Westinghouse animaba así sus trabajadoras a realizar las tareas asignadas a los hombres que habían partido a la guerra. Autor: J. Howard Miller. Dominio público.

 

Cartel publicitario. Segunda guerra mundial

Cartel publicitario difundido durante la segunda guerra mundial para animar a las mujeres estadounidenses a ocupar los puestos laborales de los hombres. Fuente: U.S. National Archives and Records Administration. Dominio público.

A pesar de la publicación del influyente ensayo de Simone de Beauvoir El segundo sexo (1949), la década de los años cincuenta supuso un retroceso en la imagen que las mujeres proyectaban públicamente. La publicidad de la época era abiertamente machista, centrada en difundir anuncios de electrodomésticos e imágenes que cosificaban a las mujeres. En 1959 sale al mercado la muñeca Barbie, creada a imagen y semejanza de las mujeres idealmente rubias y delgadas, representadas como imagen del ideal doméstico en las producciones publicitarias. Las mujeres seguían obteniendo menores grados de visibilidad en los núcleos de poder, los medios de comunicación, el arte y la literatura. Las películas The Wife (2018) y Big Eyes (2014) retratan a la perfección la doble vida que llevaban algunas mujeres, obligadas a ocultar su talento artístico bajo un pseudónimo masculino o la figura de un marido.

Anuncio publicitario de corbatas de tono visiblemente machista.

Anuncio publicitario de corbatas de tono visiblemente machista. Fuente: Internet.

 

Publicidad de comida prefabricada de los años 50

Publicidad de comida prefabricada de los años 50: “Las mujeres no abandonan la cocina. Se sabe que el lugar de una mujer está en casa, cocinando platos deliciosos para su marido”. Fuente: Internet.

 

Publicidad de una bebida de cola.

Publicidad de una bebida de cola. La mujer aparece representada como un mero objeto. Fuente: Internet.

Tercera ola: “nosotras parimos, nosotras decidimos”

Los años sesenta del siglo XX llegaron como una ola. Las mujeres se rebelaron contra los estereotipos y los convencionalismos sociales y familiares: Doris Lessing con El cuaderno dorado (1962) y Betty Friedan con La mística de la femineidad (1963) dieron el pistoletazo de salida. Friedan definió la depresión del ama de casa como “el malestar que no tiene nombre” y Alice Munro con La vida de las mujeres (1971) ayudó a comprender las motivaciones de las mujeres y del universo femenino en un ámbito social particularmente opresivo como el rural.

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