Archivo | marzo, 2020

El Covid-19 y las economías de guerra

25 Mar

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Los dirigentes del mundo ante el Covid-19. Fuente: Internet.

Cuando un tercio de la humanidad se encuentra confinada en su domicilio por la pandemia del Covid-19, los expertos de los países desarrollados hablan claramente de la posibilidad de implantar de facto y a corto plazo una economía de guerra. A muchos ciudadanos el término les sonará lejano e irreal y a otros no les dirá absolutamente nada.

Los discursos de los políticos que en estos días comparecen ante la opinión pública tienen un denominador común: la gravedad de la situación y las alusiones directas a la confrontación bélica. “Estamos en guerra” (Pedro Sánchez, presidente del gobierno español) “es una guerra y durará” (Emmanuel Macron, presidente de la república francesa), “esta es una guerra sin enemigo humano” (Angela Merkel, canciller de Alemania) y otras expresiones similares se han vuelto familiares en el vocabulario de los hombres y mujeres de Estado de todo el mundo. El objetivo es concienciar a sus respectivas poblaciones de que vienen tiempos difíciles que justificarán la toma de medidas extraordinarias y la hipotética entrada en una economía de guerra.

Lo que esto implicaría sería básicamente una transformación de los modelos productivos de los países democráticos orientados hacia la generación de bienes básicos dirigidos a asegurar el autoconsumo y el funcionamiento de los servicios esenciales. Sin embargo, el comportamiento de la sociedad internacional actual parece entrar en colisión con los fundamentos básicos de una economía de guerra tal y como se conoce, centrada en la reducción de la dependencia comercial con el exterior.

Compras compulsivas de bienes de primera necesidad en un supermercado ante la amenaza del Covid-19. Fuente: Internet.

En un mundo interconectado, donde los intercambios comerciales esenciales entre países se suceden a diario es prácticamente imposible quedar aislado sin correr el riesgo de paralizar la economía de un país. En el contexto de la crisis del Covid-19, España –uno de los países más afectados por la epidemia- se ha visto obligada a pedir ayuda a la OTAN para proveerse del material sanitario que no ha sido capaz de comprar por sí sola en los mercados internacionales. Francia e Italia también han solicitado ayudas comunitarias a la Unión Europea para hacer frente a las consecuencias de la crisis derivada de la pandemia -aunque sin llegar a activar el temido fondo de rescate (MEDE)-. Y los países de la Unión Africana se coordinan para hacer frente a un escenario complejo que amenaza con sumir al continente en una situación catastrófica, tanto a nivel humanitario como económico. Solo un puñado de países (México, Brasil, Estados Unidos) parecen ir por libre.

Un empleado desinfecta la vía pública en Italia, el país europeo más afectado por el Covid-19. Fuente: Internet.

Control de temperatura como medida de detección del coronavirus en un aeropuerto de Ghana. Fuente: Internet.

La realidad es que los países intentan hacer frente a una nueva serie de necesidades poblacionales de alta demanda, con todos aquellos recursos de que disponen. Los países integrados en organizaciones internacionales de cooperación como la Unión Europea están manifestando sus diferencias a la hora de actuar frente a la crisis sanitaria con distintos resultados.

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