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La cultura del desacuerdo

8 Sep

Conectados

Semana del 02 al 08 de septiembre de 2019

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Los primeros ministros de Reino Unido y España respectivamente, Boris Johnson (izda.) y Pedro Sánchez. Fuentes: Foreign and Commonwealth Office y Parlamento Europeo. Licencia CC 2.0.

“Mejor solo que mal acompañado” es lo que deben estar pensando dos de los líderes políticos de la UE más aparentemente comprometidos con sus ideales. Boris Johnson y Pedro Sánchez, primeros ministros de Reino Unido y España, se han enfrentado durante los últimos meses a una situación parecida en territorio doméstico. Sin duda alguna, en términos estratégicos, aunque bien distinta en cuanto a objetivos y resultados.

Al premier británico no le ha temblado la mano a la hora de suspender el parlamento y amenazar con convocar nuevas elecciones con tal de obtener algo de tiempo (escaso ya) para intentar convencer a la Unión Europea de renegociar los términos del Brexit según sus intereses. Algo que parece improbable, teniendo en cuenta la inflexible postura oficial que desde las instituciones europeas se ha venido adoptando desde que Theresa May tirase la toalla hace menos de dos meses.

A Pedro Sánchez tampoco parece importarle un escenario de repetición de elecciones si en dos exiguas semanas no llega a un acuerdo programático con las fuerzas de la izquierda, más enrocadas que nunca en sus posiciones. Posiblemente, el líder del PSOE haya tomado buena nota de lo ocurrido recientemente en Italia, cuando la excéntrica coalición de partidos que gestionaba el gobierno se dinamitaba por los aires, por las diferencias irreconciliables entre los socios mayoritarios y los minoritarios. Un aviso a navegantes.

Estirar el tiempo parece ser la consigna a seguir ante la ausencia de acuerdo o la incapacidad para llevar a buen puerto unas negociaciones entre una multiplicidad de actores, derivada, ya sea de una situación de fragmentación del voto o del mero hecho de pertenecer a una lujosa comunidad de vecinos, como es la Unión Europea. La amenaza de un Brexit duro sobrevuela más bajo que nunca los destinos de los británicos y del resto de miembros del club europeo. También la convocatoria de unas nuevas elecciones generales en España es una posibilidad cada vez más real. Las consecuencias en ambos casos serían nefastas desde un punto de vista político y económico, además de normalizar la inestabilidad política y la parálisis institucional.

Quizás, amenazar con que viene el lobo no sea más que una maniobra más para alcanzar unos objetivos políticos determinados, aunque al estirar la cuerda demasiado se corre el riesgo de romperla. Los juristas aseguran que un mal acuerdo es mejor que un buen pleito, y un Brexit (mal) consensuado no puede ser peor que un Brexit sin acuerdo. Para ninguna de las partes enfrentadas. Del mismo modo, un acuerdo de gobierno, programático o no, no debería ser peor que una nueva celebración de elecciones y el aplazamiento sine die de un ejecutivo en funciones prácticamente inoperativo.

Los cambios en el sistema de representación parlamentaria de la mayoría de países desarrollados surgidos tras la globalización han supuesto dejar jugar la partida a un número mayor de jugadores. Competidores de distinta procedencia con los que en muchas ocasiones habrá que negociar y llegar a acuerdos. No sería admisible querer finalizar la partida por una pataleta (Brexit sin acuerdo) o simplemente por ir perdiendo la jugada (PSOE v. Podemos). Solo lo sería en caso de que algún contendiente detectase trampas entre jugadores.

En política, la línea divisoria entre las buenas y las malas prácticas suele ser tenue. Pero no lo suficiente como para que los ciudadanos no puedan verla y decidir con su voto con quien quieren jugar en la próxima partida. Los votantes solo piden a sus políticos que estén a la altura de los desafíos que se les plantean y que sean capaces de superar de una vez la indeseable cultura del desacuerdo.

50 años de la llegada del hombre a la Luna

20 Jul

Efeméride: 20 de julio de 1969

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Neil Armstrong y Edwin Aldrin pisaron por primera vez la superficie de la Luna la madrugada del 21 de julio de 1969. Copyright: NASA..

En 1969 los hitos tecnológicos se sucedían en el mundo a un ritmo vertiginoso: el primer vuelo del Concorde, la primera transmisión de Arpanet (la precursora de Internet), y, sobre todo, la llegada del hombre a la luna, en plena carrera espacial entre rusos y estadounidenses. Las protestas contra la guerra de Vietnam, los asesinatos de Charles Manson o la erupción de miles de jóvenes contestatarios en el festival de Woodstock fueron la otra cara de la moneda de un país, Estados Unidos, que pugnaba por dominar el mundo desde lo más alto del firmamento.

En la madrugada del 21 de julio de aquel año, dos astronautas cuidadosamente seleccionados por la NASA pisaron por primera vez el satélite natural del planeta Tierra. Quizá llevados por la euforia del momento, pocos pensaron entonces que solo tres años después, la humanidad dejaría de interesarse por el asunto: desde 1972, ningún otro ser humano ha vuelto a pisar la superficie de la Luna (aunque sí se han lanzado varias sondas lunares).

Lanzamiento del cohete del Apolo 11 el 16 de julio de 1969, la misión encargada de pisar la superficie de la Luna por primera vez. Copyright: NASA.

Neil Armstrong y Edwin Aldrin fueron los protagonistas notorios de aquel acontecimiento histórico, pero no fueron los únicos. En la estación madrileña de Fresnedilla de la Oliva, los técnicos españoles de la Red del Espacio Profundo que controlaban la retransmisión fueron los primeros en escuchar la célebre frase (ensayada) de Armstrong al aterrizar sobre el suelo rocoso de la luna: “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”. Los expertos también pudieron comprobar el estado de sus constantes vitales durante el alunizaje, que no estuvo exento de sorpresas, a pesar de los exhaustivos ensayos previos. Por dificultades del terreno, Armstrong y Aldrin solo tuvieron 30 segundos para alunizar, sin motores, si no querían quedarse sin combustible para el regreso. Fueron los técnicos españoles los responsables de informarles de su delicada situación.

La estación de seguimiento de Fresnedilla de la Oliva (Madrid) en 1969. Fuente: Internet.

Debido a los movimientos de rotación de la Tierra, la estación de Fresnedilla era la única del centro de comunicaciones español que tenía visibilidad de los astronautas en el momento del alunizaje. Por tanto, todas las transmisiones entre los astronautas y Houston debían pasar en primer lugar por aquella estación de la España profunda de los años sesenta. Los ingenieros españoles tuvieron el privilegio de comprobar en primicia el éxito de la misión, aunque por razones protocolarias, tuvieron que esperar a que las imágenes llegasen a Houston para poder celebrarlo.

Los técnicos españoles la estación de Fresnedilla de la Oliva en 1969. Fuente: Internet.

 

Celebraciones por el el éxito de la misión Apolo 11 en el centro de control de la NASA en Houston. Copyright: NASA.

Medio siglo después de semejante hazaña, presenciada en directo por 600 millones de espectadores, sorprende descubrir que el ordenador que guiaba los pasos de los tripulantes del Apolo 11 tuviese una capacidad para procesar datos 1.000 veces inferior a la de cualquier Smartphone actual, y ello pese a pesar “solo” 32 kilos. También asombra comprobar que cuatro de las cinco banderas estadounidenses que se colocaron entre 1969 y 1972 se mantienen en pie y “ondeando”. Aunque esto último sea un truco de los astronautas, ya que la fina atmósfera de la Luna impide la generación de fenómenos como el viento o la lluvia y que los objetos se muevan como en la Tierra.

Ordenador empleado por la tripulación del Apolo 11. Su memoria ROM era de 72 Kb y su memoria RAM de 4. Fuente: Internet.

 

Los astronautas colocaron un mástil formado por dos estructuras telescópicas entre las que colocaron un travesaño para sostener la tela y crear la ilusión óptica de una bandera ondeante. Copyright: NASA.

Las dos horas y media que Armstrong y Aldrin permanecieron sobre la superficie de la Luna dieron no solo para colocar banderas, sino también para recoger muestras, tomar fotografías icónicas y realizar experimentos sobre el terreno. Los astronautas decidieron dejar entornada la puerta del “Eagle”, el módulo lunar, ante el temor a no poder abrirla al regresar, dados los problemas previos. Sabían que su compañero Michael Collins no podría rescatarlos desde el módulo de mando “Columbia”, que permanecía en órbita y que carecía de tren de aterrizaje.

Edwin Aldrin realizando experimentos en el “Mar de la Tranquilidad” en la madrugada del 21 de julio de 1969. Los dos astronautas permanecieron en la superficie lunar un total de 2:31 horas. Copyright: NASA.

El regreso a la Tierra tuvo lugar cuatro días más tarde, el 24 de julio de 1969. Tras amerizar en aguas de Hawai y pasar la cuarentena, los tres tripulantes del Apolo 11 pudieron disfrutar de un merecido reconocimiento público que, con el paso del tiempo, se ha prolongado en multitud de actos, libros y películas que han reflejado su histórica gesta.

Millones de hogares de todo el mundo siguieron en directo la llegada del hombre a la Luna. La señal se emitió desde el Observatorio Parkes, en Australia. Fuente: Internet.

 

El acontecimiento generó históricas portadas en los medios de comunicación de todo el mundo. Fuente: Internet.

La revista LIFE publicó en portada una icónica imagen de Edwin Aldrin tomada por Neil Armstrong durante su paseo espacial. El reflejo de Armstrong puede verse en el casco de Aldrin. Fuente: Internet.

La Luna sigue siendo el único territorio extraterrestre que los seres humanos se han atrevido a visitar. Medio siglo después de aquel primer contacto, solo se planean eventuales viajes orbitales a Marte y un posible regreso humano a la Luna en 2024 (si los fondos de la administración Trump lo permiten). Los avisos de China, que también pretende poner un pie en la Luna, podrían servir de acicate para el resto de países, que no están ya inmersos en una guerra espacial, sino en una comercial con la nueva potencia económica del siglo XXI.

+ info:

Las misiones Apolo de la NASA comenzaron en 1960 con el objetivo de enviar una misión tripulada que aterrizase con éxito en la Luna. Desde aquel año hasta marzo de 1969 se enviaron diez misiones no tripuladas y tripuladas que solo orbitaron alrededor de la Luna, sin llegar a alunizar en ella.

Primera foto de la Tierra tomada desde una nave orbital de la NASA en la Luna en una misión Apolo (diciembre de 1968). Copyright: NASA.

→Tras el éxito de la misión Apolo 11, la NASA envió a la Luna otras once misiones más (entre ellas, la problemática Apolo 13) hasta el año 1975. En total, 12 hombres de nacionalidad estadounidense han pisado la Luna hasta la actualidad. Las misiones tripuladas se abandonaron a partir de entonces y fueron sustituidas por otras sin componente humano, principalmente por razones económicas. El coste de la misión Apolo 11 fue de 120.000 millones de euros actuales.

→Vídeo. Retransmisión de la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969. Fuente: YouTube.

 

→Fotogalería: La llegada del hombre a la Luna

Las olas del feminismo y el #MeToo

8 Mar

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Reivindicaciones feministas

Reivindicaciones feministas a lo largo de la historia. Fuente: Internet.

En 2019 se cumplen 60 años desde que la muñeca Barbie se convirtiera en el icono de belleza por excelencia de las niñas de mediados del siglo XX. El ideal de mujer joven y rubia, sin apenas ocupaciones ni preocupaciones vitales que la muñeca encarnaba se correspondía con la realidad social predominante entre las mujeres de la época. Tras los avances conseguidos por el movimiento feminista, las niñas del siglo XXI pueden ahora imaginar con normalidad un futuro en el que Barbie gestiona con mano firme una empresa o dirige con éxito un país sin cortapisas. Pero la igualdad de derechos no es algo que se dé por sentado en todas las regiones del mundo, ni que se haya reconocido en todas las épocas.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer en un contexto de manifestaciones en defensa de los derechos de las mujeres a nivel mundial. Porque, a pesar de los avances, aún queda mucho para poder garantizar una convivencia equitativa entre sexos en los actuales modelos de sociedades. A la lucha contra las desigualdades educativas, sociales y salariales iniciada en épocas pasadas, se suma ahora el movimiento #MeToo, organizado desde un sector social con gran visibilidad pública y auspiciado por el poder de las redes sociales.

Cuanto pueda durar la atención de la opinión pública sobre las reivindicaciones feministas en la era de la sociedad en red es difícil de determinar, ya que la vida de las modas iniciadas en el universo digital suele ser efímera. Por ello, solo el tiempo dirá si estamos o no ante el inicio de una nueva ola del feminismo propiciada desde la cumbre, o si el #MeToo supone únicamente un episodio más de viralidad, sin más consecuencias que las generadas en su propio entorno virtual.

Primera ola del feminismo: las mujeres también piensan

Entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX no existían tecnologías capaces de difundir las ideas, las opiniones y el pensamiento tan rápidas como las actuales. Las mujeres eran representadas en el arte clásico como meros objetos cuya belleza y femineidad era exaltada y cuya imagen estaba indisolublemente asociada al cuidado del hogar y de la familia. Unos valores más propios de la Edad Media que del pensamiento moderno de la Ilustración. El siglo de las luces parece que solo se hizo por y para hombres. Filósofos como Jean-Jacques Rousseau o Emmanuel Kant, esgrimiendo razones basadas en la propia naturaleza femenina, opinaban que las mujeres no debían tener acceso a los derechos de ciudadanía. Pero las mujeres de su época y clase social no solo se dedicaban a organizar las labores domésticas de sus acomodados hogares, sino que también pensaban. Algunas damas de la nobleza y la alta burguesía dieron un paso adelante desde su cómoda, aunque limitada, posición de organizadoras de tertulias literarias y políticas en la Francia del siglo XVIII para reivindicar su valía intelectual. Las mujeres de los estratos sociales menos favorecidos hicieron otro tanto en los clubes patrióticos de mujeres, donde se reunían para intercambiar impresiones sobre política y cuestiones de actualidad.

Club de mujeres en el siglo XVIII.

Club de mujeres en el siglo XVIII. Fuente: Internet.

El tema de la igualdad formal de derechos ya se había abordado tiempo atrás por Marie Le Jars de Gournay (De l’Égalité des hommes et des femmes, en 1622) o por François Poullain de la Barre (De l’Egalité des deux sexes, en 1673). Pero en plena Revolución francesa, las ciudadanas querían gozar de derechos reales, razón por la cual en 1789 presentaron en la Asamblea Nacional su propio listado de demandas y quejas (Cahier de doléances). Dos años más tarde, Olympe de Gouges redactaba la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, que mejoraba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sin embargo, estas reivindicaciones no tuvieron eco entre los revolucionarios: Olympe de Gouges, defensora de los Girondinos y muy crítica con Robespierre, acabó guillotinada y los clubes de mujeres, prohibidos.

Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta. (Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, 1791)

Segunda ola: queremos votar

Si el siglo XVIII fue de las mujeres francesas, el siglo XIX lo fue de las inglesas. El sometimiento de la mujer (1869), de John Stuart Mill y Harriet Taylor, que inspiró el movimiento sufragista, y Vindicación de los derechos de la mujer (1792), de Mary Wollstonecraft, fueron las obras más significativas de este período. A finales del siglo XIX surgió en Francia el neologismo “feminismo”, creado a partir del término latino “fémina” (mujer), aunque esta nueva realidad no fuera del agrado de todos los intelectuales: el escritor Alexandre Dumas (hijo) no dudó en criticar abiertamente a los hombres que apoyaban el nuevo movimiento.

La abolición de la esclavitud en muchos países y la llegada de la Revolución industrial contribuyeron a impulsar las reivindicaciones de las clases sociales menos favorecidas. Aunque en los inicios las mujeres de color y las obreras se unieron al movimiento feminista, con el tiempo, decidieron seguir caminos separados para alcanzar sus legítimas aspiraciones.

En Inglaterra, Emmeline Pankhurst alcanzó notoriedad por liderar a un grupo de mujeres (las suffragettes) que reclamaban su derecho a votar. La película Las sufragistas (2015) retrata este momento crucial de la historia del Reino Unido, cuando también se reclamaban derechos educativos como el acceso de las mujeres a la universidad. En 1918 se reconoció el derecho al voto de las mujeres mayores de treinta años en Inglaterra y en Alemania. Dos años más tarde Estados Unidos también lo aprobaría a través de la promulgación de la 19ª enmienda. La década de los años veinte supuso un avance importante en la salvaguarda de los derechos políticos de las mujeres en el mundo occidental, si bien con ciertas restricciones (edad, posesión de determinados bienes como condición para poder votar).

Mujeres sufragistas en una manifestación en Nueva York (1912).

Mujeres sufragistas en una manifestación en Nueva York (1912). Fuente: Biblioteca del Congreso de EE.UU. Dominio público.

Las mujeres francesas e italianas tuvieron que esperar a la década de los años cuarenta para ver aprobado el derecho de sufragio universal en sus respectivos países. El derecho al voto se consideró una recompensa por el trabajo realizado durante la segunda guerra mundial, cuando muchas mujeres tuvieron que sustituir a sus maridos, desplazados al frente. Sin embargo, a su regreso, las mujeres volvieron a ocupar un papel meramente doméstico en la economía nacional.

Cartel “Rosie the Riveter”

Cartel “Rosie the Riveter”, también conocido por su lema, “We Can Do It”. En la actualidad constituye un símbolo feminista. La empresa americana Westinghouse animaba así sus trabajadoras a realizar las tareas asignadas a los hombres que habían partido a la guerra. Autor: J. Howard Miller. Dominio público.

 

Cartel publicitario. Segunda guerra mundial

Cartel publicitario difundido durante la segunda guerra mundial para animar a las mujeres estadounidenses a ocupar los puestos laborales de los hombres. Fuente: U.S. National Archives and Records Administration. Dominio público.

A pesar de la publicación del influyente ensayo de Simone de Beauvoir El segundo sexo (1949), la década de los años cincuenta supuso un retroceso en la imagen que las mujeres proyectaban públicamente. La publicidad de la época era abiertamente machista, centrada en difundir anuncios de electrodomésticos e imágenes que cosificaban a las mujeres. En 1959 sale al mercado la muñeca Barbie, creada a imagen y semejanza de las mujeres idealmente rubias y delgadas, representadas como imagen del ideal doméstico en las producciones publicitarias. Las mujeres seguían obteniendo menores grados de visibilidad en los núcleos de poder, los medios de comunicación, el arte y la literatura. Las películas The Wife (2018) y Big Eyes (2014) retratan a la perfección la doble vida que llevaban algunas mujeres, obligadas a ocultar su talento artístico bajo un pseudónimo masculino o la figura de un marido.

Anuncio publicitario de corbatas de tono visiblemente machista.

Anuncio publicitario de corbatas de tono visiblemente machista. Fuente: Internet.

 

Publicidad de comida prefabricada de los años 50

Publicidad de comida prefabricada de los años 50: “Las mujeres no abandonan la cocina. Se sabe que el lugar de una mujer está en casa, cocinando platos deliciosos para su marido”. Fuente: Internet.

 

Publicidad de una bebida de cola.

Publicidad de una bebida de cola. La mujer aparece representada como un mero objeto. Fuente: Internet.

Tercera ola: “nosotras parimos, nosotras decidimos”

Los años sesenta del siglo XX llegaron como una ola. Las mujeres se rebelaron contra los estereotipos y los convencionalismos sociales y familiares: Doris Lessing con El cuaderno dorado (1962) y Betty Friedan con La mística de la femineidad (1963) dieron el pistoletazo de salida. Friedan definió la depresión del ama de casa como “el malestar que no tiene nombre” y Alice Munro con La vida de las mujeres (1971) ayudó a comprender las motivaciones de las mujeres y del universo femenino en un ámbito social particularmente opresivo como el rural.

→Seguir leyendo reportaje Las olas del feminismo y el #MeToo.

El peligro de los microplásticos

16 Ene

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Microplásticos.

Microplásticos. Fuente: Internet.

Microplástico” fue la palabra del año 2018 elegida por la Fundación Fundéu BBVA (Fundación del Español Urgente). Y el voto coincide con el aumento de las iniciativas gubernamentales para combatir la proliferación de esta diminuta materia presente en un gran número de productos de uso diario que está contaminando el medio ambiente a nivel global.

El término se refiere a las micropartículas de plástico (polietileno, polipropileno o poliestireno) de menos de 5 mm de diámetro presentes en muchos productos de limpieza e higiene personal. Debido a su reducido tamaño, no pueden ser filtradas por las depuradoras de agua antes de depositarse en el mar, por lo que son ingeridas por la fauna marina. El tamaño de los microplásticos es objeto de discusión, aunque existe un consenso internacional respecto a la medida de 5 mm alcanzado por la mayoría de agencias medioambientales (ONU Medioambiente, Agencia Europea de Medioambiente, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU.).

Los microplásticos primarios son aquellos fabricados directamente por la industria cosmética para elaborar productos de higiene, mientras que los microplásticos secundarios se generan por la descomposición molecular de los plásticos de mayor tamaño (bolsas, botellas, envases) vertidos al mar en una proporción estimada de ocho toneladas al año.

Basura plástica depositada en el mar.

Basura plástica depositada en el mar. Fuente: Internet.

“No Blue, no Green” (Sylvia Earle)

La acumulación en los océanos de productos elaborados a partir de derivados del petróleo, como los plásticos y microplásticos comenzó a finales de los años setenta. Y tan solo una década después, en 1988, ya se detectó una zona del Pacífico norte con una notable acumulación de microplásticos. La denominada “Isla de Basura” fue la primera de las tres franjas oceánicas contaminadas que han sido identificadas hasta el año 2011.

La “Isla de Basura”

La “Isla de Basura”, localizada en el océano Pacífico, entre Hawái y las costas de California. Su extensión es de 3.4 millones de kilómetros cuadrados. Fuente: Facebook/Internet.

La isla de basura (Pacífico norte)

En la isla se acumulan 100 millones de toneladas de desechos. En su parte central se registra una mayor concentración de microplásticos. Fuente: Internet.

Los primeros estudios científicos sobre microplásticos se emprendieron a principio de los años 2000. La destacada bióloga marina Sylvia Earle advertía ya en 2009 de la necesidad de preservar la salud de los océanos para proteger el medio ambiente: “no Blue, no Green” fue su célebre máxima. Ahora asegura que “el plástico no es malo en sí, sino lo que hacemos con él”.

“Collage” plásticos

“Collage” fotográfico elaborado a partir de 3.000 tapones de botellas de Coca-Cola recogidos en playas de todo el mundo y extraídos de los vientres de aves marinas. Autora: Mandy Baker. Fuente: Samia Benaissa Pedriza.

Existen suficientes estudios sobre la contaminación por microplásticos en el medio marino, pero no así sobre sus efectos en el aire y el medio terrestre. Un estudio de la Universidad de Heriot-Watt (Escocia) revela que en la comida que ingerimos cada día podrían contenerse más de 100 micropartículas de plástico, frente a las 3,35 detectadas en los mejillones, directamente procedentes del mar. Las nanopartículas, procedentes del polvo en suspensión de los hogares, se depositarían en los alimentos que ingerimos cada día.

Por otro lado, una investigación en Alemania ha concluido que la presencia de microplásticos en los suelos y sedimentos podría ser aún más contaminante que la de los océanos ya que su concentración es de 4 a 23 veces superior, según la zona analizada. Las micropartículas de plástico que han incorporado sustancias tóxicas como el cloro pueden ser absorbidas por los suelos o filtrarse en aguas subterráneas.

Microplásticos en los suelos.

Microplásticos contaminantes en los suelos. Fuente: El diario.es (Licencia CC).

¿Un peligro para el ser humano?

En la actualidad, las investigaciones se centran en analizar la presencia de microplásticos en la cadena alimentaria (Greenpeace, Universidad de Melbourne), aunque aún no existen resultados concluyentes sobre sus efectos en la salud humana. Sin embargo, dada la capacidad de los microplásticos para absorber sustancias tóxicas, podrían ser potencialmente peligrosos para las especies animales y los seres humanos. Según un informe de Ecologistas en Acción, los microplásticos con mayor impacto serían aquellos con un tamaño comprendido entre 1 y 5 mm, ya que los inferiores a 1 mm pueden ser excretados fácilmente por las especies que los ingieren.

→ Seguir leyendo reportaje “El peligro de los microplásticos”.

El fin de ETA y la paz entre las dos Coreas

6 May

Conectados

Semana del 30 de abril al 06 de mayo de 2018

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Fin de ETA. Paz en Corea.

Observadores internacionales certifican la disolución de ETA (declaración de Arnaga). A la dcha., los líderes Kim Jong-un (Corea del Sur) y Moon Jae-in (Corea del Norte). Fuente: Internet.

Medio siglo de historia acaba de disolverse en apenas siete días. De un plumazo, el terrorismo de ETA ha sido barrido del mapa y el enfrentamiento entre las dos Coreas ya es cosa del pasado. Podría parecer el final feliz de un cuento de Perrault donde todos son felices y acaban comiendo perdices, pero la realidad es otra.

Más de cuarenta años de atentados terroristas sufridos en España no desaparecen de la memoria colectiva con el anuncio de la disolución de la banda ETA. Tampoco la división política, ideológica, social y económica que viven los habitantes de las dos Coreas va a dar paso a un mundo feliz, aunque en Corea del Norte ya viven uno similar al que imaginara Aldous Huxley en 1932.

El fin de ETA es una noticia que nadie que haya vivido el siglo XX podría visualizar en un futuro próximo. Hace veinte años sonaba a utopía, pero la lucha sostenida contra el terrorismo y la unidad de los partidos políticos dio sus frutos, caídos de un árbol en ocasiones muy podrido (no olvidemos la guerra sucia contra el terrorismo y los GAL). Y en Corea, ¿qué asiático adulto podría soñar con que en 2018 un líder surcoreano, de comportamiento errático y peregrino, haría retrasar las agujas del reloj hasta 1950, justo antes de una guerra cuya paz jamás fue realmente firmada?

Pero las imágenes benevolentes de los líderes coreanos fumando la pipa de la paz y la puesta en escena de la banda terrorista ETA casi parecen fake news en la era de Internet y las redes sociales. En realidad, la resolución de estos conflictos territoriales no obedece a causas nobles, sino más bien a un intento por salvar los trastos en guerras perdidas hace mucho tiempo.

→Seguir leyendo artículo: El fin de ETA y la paz entre las dos Coreas.

Los Estados fallidos del siglo XXI

10 Ene

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Estados fallidos en 2017

De izda. a dcha. y de arriba abajo: bombardeos en Yemen y Siria, militares en Sudán del Sur y refugiados de la República Centroafricana en campos de Naciones Unidas. Fuente: Internet.

Un Estado fallido es un estado soberano que ha perdido su capacidad para garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales y la prestación de los servicios sociales básicos a sus ciudadanos. Aunque el concepto es controvertido, una de sus características fundamentales es la pérdida del control del uso de la fuerza en su territorio. La dificultad para tomar decisiones y hacerlas cumplir, así como los problemas para participar como miembro de pleno derecho en la comunidad internacional también son propias de los “estados fallidos” o “frágiles”, en su denominación más actual. Aunque en la actualidad, lo que define con mayor frecuencia a este tipo de organización territorial son los altos grados de corrupción y criminalidad que se registran, los graves problemas económicos y el elevado número de nacionales que buscan refugio en otros países.

En los últimos tiempos, países como Siria, Irak o Afganistán han cumplido con creces las condiciones para ser considerados estados fallidos. Tanto por su inestabilidad política como por su desorganización social y económica. Y la obligada intervención de la comunidad internacional en los últimos conflictos armados de Oriente Medio no es más que otra señal del fracaso en el ejercicio de la soberanía de estos países.

La pérdida efectiva de la soberanía de un Estado no es un fenómeno nuevo. Se ha venido produciendo desde hace más de dos siglos y prácticamente desde que surgió el concepto de estado moderno. Durante el siglo XIX, el tráfico de esclavos o la piratería en los mares surgieron como consecuencia de la debilidad gubernamental de algunos estados y de su incapacidad para controlar sus fronteras exteriores. El siglo XX dio paso, en primer lugar, al fenómeno de la descolonización que favoreció el surgimiento de nuevos estados fallidos. La posterior caída del muro de Berlín y la desintegración del bloque soviético dieron lugar al nacimiento de más estados “frágiles”. Georgia o Bosnia-Herzegovina no fueron capaces de garantizar la gobernabilidad de su territorio. Y el conflicto de los Balcanes, generado tras la disolución de la antigua Yugoslavia y que ocupó la primera mitad de los años noventa, significó un claro ejemplo del caos y la anarquía que puede llegar a reinar en un territorio no controlado por el estado.

Guerra en la antigua Yugoslavia

Efectos de la guerra civil en la antigua Yugoslavia. Fuente: Internet.

Lo habitual en el siglo XXI es que los “estados fallidos” surjan tras una guerra civil, una dictadura militar o un desastre natural. El término se comenzó a utilizar a comienzo de los años noventa por la Administración Clinton para referirse a los nuevos países que podrían constituir un riesgo o una amenaza para la seguridad de Estados Unidos tras la caída del gigante soviético.

En la actualidad el núcleo duro de los estados fallidos está constituido por los países del Cuerno de África, en el este del continente africano. A este grupo se unen otros de Oriente Medio, satélites de una guerra por el poder llevada a cabo entre las grandes potencias de la región (Arabia Saudí e Irán). Lo cierto es que esta nueva categoría de estados supone una amenaza más o menos elevada para el resto de países miembros de la comunidad internacional, ya que en mayor o menor medida propician el desarrollo del crimen organizado (tráfico de armas en Siria, tráfico de drogas en Afganistán) y del terrorismo a escala internacional.

Estados fallidos en el cuerno de África

Mapa nº 1. Estados fallidos en el Cuerno de África con alta probabilidad de sufrir una hambruna a finales de 2011. Fuente: USAID. Imagen de dominio público.

En el mundo existen alrededor de 180 estados fallidos en 2017. Somalia, Yemen, Siria y Haití son los que más han empeorado su situación respecto al último año. Yemen y Siria son los que más han acusado el empeoramiento de sus condiciones de vida. El top 10 de estados fallidos reconocidos por el centro de estudios estadounidense Fund for Peace en 2016 está constituido casi en su totalidad por países de África y Oriente Medio.

Top 10 Estados fallidos 2017

Tabla nº 1. Los diez estados fallidos con peores condiciones de vida y de gobernabilidad en el año 2016. Fuente: elaboración propia según datos de Fund for Peace.

Seguir Leyendo Los Estados fallidos del siglo XXI

 

Emmanuel Macron o más vale lo bueno por conocer

8 May

Elecciones presidenciales francesas

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Emmanuel Macron, nuevo presidente de la República Francesa.

Emmanuel Macron, nuevo presidente de la República Francesa. Fuente: http://www.20minutos.es (Licencia CC).

El triunfo en la segunda vuelta de las elecciones de Emmanuel Macron, un político neófito y autodenominado como socioliberal que será el nuevo presidente de la República francesa, expresa un cambio de rumbo hacia nuevas formas de hacer política. Más que de programas y de políticas públicas bien definidas se trata de desarrollar un conjunto de estrategias de márquetin inspiradas en las viejas ideologías pero aplicadas al complejo y plural contexto socioeconómico actual.

No es de extrañar por tanto que la incertidumbre haya sido la tónica general durante todo el tiempo de campaña. “En las próximas elecciones, no tengo claro qué haré. Lo único que puedo decir es que soy de izquierdas, por lo que resulta imposible que vote a Hollande, que ha llevado a cabo una política de derechas”. Estas declaraciones del escritor Pierre Lemaitre representan la opinión de muchos franceses llamados a votar en las elecciones presidenciales de 2017.

El castigo al gobierno socialista de François Hollande y a las consignas liberales que se acataban y recibían desde Bruselas se ha manifestado en las urnas, con la decadencia del partido socialista francés  pero también con el desmoronamiento del bipartidismo. Una tendencia que se viene produciendo en Europa desde hace algunos años y que está contribuyendo a configurar el nuevo mapa político del siglo XXI.

No a la política tradicional

En las últimas elecciones presidenciales los franceses no han querido perpetuar en el poder ni a un socialismo de derechas ni facilitar el retorno de la derecha tradicional. En la primera vuelta, el Partido Socialista y el de Los Republicanos solo consiguieron reunir de forma conjunta un escaso 26% del total de los votos, lo que constituye una de las mayores debacles electorales de los partidos de electores tradicionales en la historia política de la Unión Europea. Que el Frente Nacional llegase segundo en la primera vuelta de las elecciones dice mucho de la situación política, económica y social que vive la Francia de 2017: un país acorralado por el terrorismo islámico y menos influyente a nivel internacional, con una significativa pérdida de poder de la clase media y el constante empobrecimiento de los más desfavorecidos.

La incapacidad de los políticos tradicionales para solucionar los problemas de los ciudadanos ha permitido que partidos hasta ahora minoritarios (el Frente Nacional) o recién creados (En Marche, France insoumise) hayan salido victoriosos en el primer ensayo de las presidenciales de 2017.

Seguir leyendo reportaje: Emmanuel Macron o más vale lo bueno por conocer.

Edward Snowden, un puñado de rumores

13 Feb

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Edward Snowden

Xilografía de Edward Snowden. Autor: Felipe Crespo (Licencia CC).

La vida de Edward Snowden desde que decidiera sacar a la luz las miserias del espionaje estadounidense, solo puede calificarse de incierta. Precariedad e inseguridad son los términos que definen su modo de vida desde que en 2013 huyese a Hong Kong con una ristra de información confidencial sobre el modo en que la NSA (la Agencia Nacional de Seguridad) espía a los ciudadanos del mundo. Incluidos los gobernantes de potencias aliadas de EE.UU. que obviamente no se lo tomaron demasiado bien.

Hasta ahora el exanalista informático respiraba tranquilo en Rusia donde se le ha concedido una prórroga del permiso de residencia del que gozaba hasta el año 2020. Pero tras pasar cuatro años en el gélido país de Vladimir Putin, Snowden teme ahora por su suerte tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU.

Los abogados de Snowden intentaron que Barack Obama le concediese el indulto antes de finalizar su mandato. Algo altamente improbable teniendo en cuenta que Snowden asegura que reveló lo que sabía porque se sintió decepcionado por la pasividad de Obama. Al ahora expresidente le quedó claro que Snowden no era el soldado Manning, otro delator condenado a 35 años de privación de libertad, que sí se enfrentó a un proceso judicial y sí mostró arrepentimiento.

¿Qué pasa con Edward Snowden? Cien mil firmas apoyaron la petición de indulto de Manning ante la Casa Blanca pero solo quinientas respaldaron la de Snowden. El exempleado de la NSA recibe apoyo institucional de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch pero hasta la fecha no ha logrado que ningún país se muestre dispuesto a ofrecerle asilo político en su territorio.

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Un nuevo orden mundial: nacionalismo, proteccionismo y multipolaridad

3 Feb

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Donald Trump en la Casa Blanca

De izda. a dcha. y de arriba abajo, Donald Trump firmando decretos en la Casa Blanca, Cumbre México-UE, reunión de países emergentes (BRICS) y encuentro Rusia- Reino Unido. Fuentes: Facebook Casa Blanca, Presidencia de la República Mexicana, Narendra Modi, Kremlin.ru. (Imágenes de dominio público y Licencia CC).

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha puesto punto y final a toda una era, la de la Posguerra Fría y el multilateralismo liderado por la primera potencia americana. EE.UU. y su nuevo presidente todavía aspiran a liderar el mundo pero ahora prefieren hacerlo en solitario, sin tomar demasiado en cuenta la existencia de otros focos de poder activos en la sociedad internacional actual.

Las primeras medidas adoptadas por Donald Trump en la Casa Blanca han inquietado a buena parte de los dirigentes occidentales con los que hasta ahora el “Gendarme del mundo” se relacionaba en un clima de “entente cordiale”. Aunque el  sistema de alianzas multilaterales tejido tras la Segunda Guerra mundial no parece estar en riesgo, surgen dudas sobre su eficacia y sobre la capacidad de organizaciones como la ONU o la OTAN para solucionar conflictos internacionales sin el apoyo de EE.UU. ¿Cuál será el devenir de la guerra en Siria, del conflicto palestino-israelí o de la lucha contra el terrorismo internacional?

El auge de los nacionalismos

En los últimos tiempos, los excesos de la globalización han generado desigualdades socioeconómicas y un gran descontento en las sociedades de los países desarrollados. El malestar social y la ineficacia de las instituciones de gobierno para resolver los problemas de los ciudadanos están contribuyendo a aupar al poder a opciones políticas antisistema, hasta ayer minoritarias y con escasa capacidad de convocatoria. El UKIP en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia o Amanecer Dorado en Grecia son los partidos del nacionalismo europeo del siglo XXI. Sus líderes promueven la defensa a ultranza del Estado-Nación, el fomento de sentimientos racistas y de las políticas antiinmigración, así como un exacerbado proteccionismo económico propio de otras épocas.

Marine LePen y Nigel Farage

Marine Le Pen, dirigente del Frente Nacional francés y Nigel Farage, miembro del UKIP. Autores: Marie-Lan Nguyen y Stephen West (Licencia CC).

La salida del Reino Unido de la Unión Europea ha significado el culmen de la insatisfacción y de la decepción de los electores británicos respecto al funcionamiento de un sistema de gobierno multilateral a nivel regional. El “Brexit” le ha dado un portazo a Europa y a su histórico modelo de integración política y comercial. Y el Reino Unido se ha convertido en un símbolo del rechazo a las sociedades multiculturales cuyo máximo exponente es la América del “melting pot” y no la del “America first”.

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Elecciones EE.UU. Donald Trump, presidente sorprendente

9 Nov

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Donald Trump, presidente electo de EE.UU.

Donald Trump en su primer discurso como presidente electo de los Estados Unidos. Fuente: Internet.

La victoria del polémico Donald Trump sobre la aspirante del partido demócrata Hillary Clinton representa para muchos un indicador de cambio profundo en la no tan antigua historia política de Estados Unidos. El candidato republicano no es el primer político sin experiencia que alcanza la presidencia del país más influyente del continente americano, pero posiblemente sí haya sido el más controvertido. La presidencia de un arrogante Donald Trump  a priori anuncia grandes transformaciones en EE.UU y en el resto del mundo, aunque surgen dudas sobre la virtualidad de un cambio más aparente que trascendente.

La victoria de Donald Trump

Donald Trump ha ganado las elecciones a la presidencia de Estados Unidos por un cuestionado margen de votos, una situación no del todo inusual en las grandes citas electorales del extenso país americano. El antecedente más reciente: las disputadas elecciones que dieron la victoria a Georges W. Bush en el año 2000. Una diferencia escasa de 500.000 votos a favor de Al Gore no impidió ser presidente a un candidato republicano tan cuestionado como Donald Trump por su incapacidad para hacer frente a los desafíos de una nueva presidencia en tiempos de cambio.

En estas elecciones Donald Trump tampoco se ha presentado como el abanderado del cambio político y social en EE.UU. Sus propuestas para “volver a hacer América grande” (construir muros contra la inmigración ilegal, deportar a 11 millones de trabajadores ilegales, recuperar Guantánamo, vigilar indiscriminadamente a la ciudadanía) no han sido innovadoras ni revolucionarias, ni siquiera populistas, sino más propias de partidos de extrema derecha. Trump, un independiente que entró como un viento huracanado en el partido republicano, ha empleado durante la campaña una estrategia de comunicación directa, con mensajes extremistas e incendiarios, cuya única finalidad era llamar la atención de un electorado pasivo y desencantado.

→Vídeo. Intervención de Donald Trump durante el último debate electoral con Hillary Clinton. El candidato republicano expresa su opinión en contra de la inmigración ilegal. Fuente: Canal oficial de Donald Trump en You Tube.

Hillary Clinton, ni cambio ni recambio

Tras los comicios, algunos se preguntan si Donald Trump ha ganado realmente las elecciones o si no ha sido Hillary Clinton quien las ha acabado perdiendo por exceso de confianza. Para muchos votantes demócratas decepcionados con Barack Obama, la exprimera dama norteamericana no ha representado el cambio deseado y prometido. Ni tampoco un recambio político, porque Clinton se ha mostrado diferente a Obama la hora de hacer política. A Hillary le han votado las mujeres, las clases medias blancas y las minorías étnicas, pero también las grandes corporaciones y las élites económico-financieras. Meses atrás, durante las primarias del partido demócrata, logró vencer al resto de candidatos “izquierdistas” posicionándose sin miedo hacia la derecha de su propia formación política. Una estrategia que posiblemente le haya hecho perder más votos de los deseados.

Hillary Clinton durante un mitin en Arizona

Hillary Clinton durante un mitin en Arizona en marzo de 2016. Autor: Gage Skidmore (Licencia CC).

El papel de los indecisos parece haber sido fundamental para inclinar la balanza del lado de Trump, más allá de los mensajes provocadores, de los escándalos surgidos durante la campaña electoral o de las maniobras de acoso y derribo del adversario. En contra del establishment, los estadounidenses han votado paradójicamente esta vez por la opción más nacionalista y proteccionista, dentro y fuera de su territorio. Mientras, el resto de potencias mundiales se preguntan si Donald Trump finalmente se atreverá a poner en práctica sus propuestas más discutidas, en qué tiempos y bajo qué formas.

Continuismo político

Los analistas políticos han vendido estas elecciones como un enfrentamiento polarizado entre dos candidatos opuestos en las formas aunque no tanto en el contenido. Ambos han defendido la estabilidad de un sistema económico liberal con algunas concesiones extra a las políticas sociales asumidas por el Estado, en el caso de Hillary Clinton. Aunque poco se ha difundido del contenido real de los respectivos programas electorales.

Al contrario de lo que ocurrió durante las presidenciales que dieron el triunfo a Barack Obama en 2008, la campaña no se ha desarrollado en los nuevos medios sino en un canal tan tradicional como efectivo: la televisión. Los medios audiovisuales han caricaturizado a los oponentes -un empresario racista y xenófobo y una exprimera dama engañada- y exprimido su popularidad para ganar audiencia a golpe de telerrealidad. Ya sea por conveniencia o por indiferencia, tanto Clinton como Trump se han dejado convertir en dos productos de consumo enfrentados en una sociedad marcada por los dictados de los medios de comunicación.

→Vídeo. Participación de la candidata demócrata Hillary Clinton en el programa de entretenimiento “The Tonight Show” presentado por Jimmy Fallon. Clinton mantiene una conversación telefónica con un ficticio Donald Trump. Fuente: You Tube.

Durante la larga campaña electoral -año y medio si incluimos los procesos internos de selección interna de candidatos por cada partido- los americanos han ido descartando todas la opciones más próximas al cambio social: Bernie Sanders fue derrotado por Hillary Clinton en las primarias del partido demócrata y los candidatos de otros partidos como el Green Party son opciones anecdóticas para los estadounidenses que siguen prefiriendo hacer uso del voto útil y erigir opciones mayoritarias en el Congreso -casi exclusivamente en manos de Republicanos o Demócratas-.

Bernie Sanders y Jill Stein

El aspirante y senador por Vermont Bernie Sanders era el preferido por el sector más “izquierdista” del partido demócrata. Fuente: Congreso de los EE.UU. (sanders.senate.gov). Imagen de dominio público. A la dcha., la activista Jill Stein, candidata presidencial del Green Party. Autor: Gage Skidmore (Licencia CC).

A pesar del descontento social por los bajos salarios en Estados Unidos y de la carestía de los seguros privados de salud, los estadounidenses no se muestran especialmente interesados en instaurar un sistema público de salud inclusivo y garantista, acostumbrados a tener que pagar por casi todo lo esencial (vivienda, educación o sanidad). Lo mismo ocurre con los altos índices de criminalidad que nadie quiere vincular a la tenencia descontrolada de armas, o la inmigración ilegal a la que se sigue culpando del aumento del desempleo.

La ausencia de una voluntad real por afrontar cambios políticos profundos por parte de Hillary Clinton y Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales se explica por la inexistencia de un cambio social significativo. La sociedad estadounidense es aun una entidad en su mayoría conservadora y monolítica, y ello a pesar de la aparente polarización mediática construida por los medios durante la campaña electoral. Los resultados electorales que han dado la victoria a Donald Trump son buena prueba de ello.

+ info:

→El 20 de enero de 2017, Donald Trump se convertirá en el 45 presidente de EE.UU. Trump ha dado al traste con las aspiraciones de Hillary Clinton de convertirse en la primera mujer presidenta en la historia de su país. Desde que en 1872 la sufragista Victoria Woodhull presentase su candidatura (sin votos) solo 17 mujeres más lo han intentado en el pasado, sin éxito.

→El sistema electoral estadounidense no permite a los electores votar directamente por un candidato. Los votantes eligen un determinado número de compromisarios por Estado que a su vez votan por cada candidato. A pesar de que Hillary Clinton obtuvo 395.000 votos directos más que Donald Trump, este sumó un total de 306 compromisarios, superando la mayoría necesaria de 270 votos para proclamarse presidente de Estados Unidos.

Resultados de las elecciones presidenciales en EE.UU. por Estados (2016).

El matrimonio Clinton junto a Donald Trump.

El matrimonio Clinton junto a Donald Trump. Fuente: Internet.

Las relaciones entre Hillary Clinton y Donald Trump

Se da la circunstancia de que en 1968 Hillary Clinton fue presidenta de la asociación Young Republicans y becaria del partido republicano en el Congreso de EE.UU. Poco después su ideología dio un rumbo hacia ideas más progresistas.

En el pasado, el matrimonio Clinton recibió donaciones de Donald Trump para fines políticos a través de la Fundación Clinton. En 2012, el mediático empresario decía de Hillary Clinton que era una mujer “fantástica”. “Me gustan mucho ella y su marido”, llegó a afirmar Trump en la cadena Fox.

Documental “Así se hizo Trump”. Fuente: RTVE. Año: 2016. Contenido disponible hasta el 11-11-2016.

Documental “Hillary Clinton, una mujer a abatir” (A woman on the edge). Fuente: RTVE. Año: 2016. Contenido disponible hasta el 11-11-2016.