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La independencia de Cataluña y la unidad de España

20 Nov

Opinión

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Banderas catalanas y españolas en Barcelona durante el Día de la Hispanidad (12 de octubre de 2017). Fuente: http://www.laregion.es (Licencia CC).

En poco más de mes y medio la crisis catalana ha pasado de “No nos moverán” a “Todos a la cárcel” y “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Lo que comenzó siendo un conflicto político-social de baja intensidad se ha transformado en un esperpento digno de las mejores novelas del género creado por Valle-Inclán. Porque en este último episodio del separatismo catalán se ha “deformado la realidad”, se han intensificado sus “rasgos grotescos” y el lenguaje corriente se ha “sometido a una elaboración muy personal”, según la definición del término elaborada por la Real Academia (RAE).

La realidad se ha intentado desfigurar a través de noticias falsas que circulan por las redes sociales, mediante la manipulación informativa llevada a cabo por los medios afines al separatismo y hasta con la trasnochada injerencia del espionaje ruso que ha difundido información simulada en un conflicto que a efectos prácticos ni les va ni les viene. Todo ello con un resultado tan artificial que sólo ha servido para reforzar las opiniones de los más acérrimos del “procés” y para llamar la atención de un público extranjero por lo general indiferente y poco interesado en la actualidad de la vida política española.

El punto grotesco se ha manifestado en un expresidente de la Generalitat de Catalunya vacilante, endeble y temeroso, que no duda en hacer “fórum shopping” por Europa, es decir, acogerse arteramente a la jurisdicción más favorable a sus intereses, tras su sorprendente fuga a Bruselas para evitar la cárcel en España. Además hay que sumar una presidenta del Parlamento autonómico que, como Groucho Marx, cambia de ideología (“estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”) según cómo de cerca vislumbre las rejas de una celda carcelaria.

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Emmanuel Macron o más vale lo bueno por conocer

8 May

Elecciones presidenciales francesas

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Emmanuel Macron, nuevo presidente de la República Francesa.

Emmanuel Macron, nuevo presidente de la República Francesa. Fuente: http://www.20minutos.es (Licencia CC).

El triunfo en la segunda vuelta de las elecciones de Emmanuel Macron, un político neófito y autodenominado como socioliberal que será el nuevo presidente de la República francesa, expresa un cambio de rumbo hacia nuevas formas de hacer política. Más que de programas y de políticas públicas bien definidas se trata de desarrollar un conjunto de estrategias de márquetin inspiradas en las viejas ideologías pero aplicadas al complejo y plural contexto socioeconómico actual.

No es de extrañar por tanto que la incertidumbre haya sido la tónica general durante todo el tiempo de campaña. “En las próximas elecciones, no tengo claro qué haré. Lo único que puedo decir es que soy de izquierdas, por lo que resulta imposible que vote a Hollande, que ha llevado a cabo una política de derechas”. Estas declaraciones del escritor Pierre Lemaitre representan la opinión de muchos franceses llamados a votar en las elecciones presidenciales de 2017.

El castigo al gobierno socialista de François Hollande y a las consignas liberales que se acataban y recibían desde Bruselas se ha manifestado en las urnas, con la decadencia del partido socialista francés  pero también con el desmoronamiento del bipartidismo. Una tendencia que se viene produciendo en Europa desde hace algunos años y que está contribuyendo a configurar el nuevo mapa político del siglo XXI.

No a la política tradicional

En las últimas elecciones presidenciales los franceses no han querido perpetuar en el poder ni a un socialismo de derechas ni facilitar el retorno de la derecha tradicional. En la primera vuelta, el Partido Socialista y el de Los Republicanos solo consiguieron reunir de forma conjunta un escaso 26% del total de los votos, lo que constituye una de las mayores debacles electorales de los partidos de electores tradicionales en la historia política de la Unión Europea. Que el Frente Nacional llegase segundo en la primera vuelta de las elecciones dice mucho de la situación política, económica y social que vive la Francia de 2017: un país acorralado por el terrorismo islámico y menos influyente a nivel internacional, con una significativa pérdida de poder de la clase media y el constante empobrecimiento de los más desfavorecidos.

La incapacidad de los políticos tradicionales para solucionar los problemas de los ciudadanos ha permitido que partidos hasta ahora minoritarios (el Frente Nacional) o recién creados (En Marche, France insoumise) hayan salido victoriosos en el primer ensayo de las presidenciales de 2017.

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Un nuevo orden mundial: nacionalismo, proteccionismo y multipolaridad

3 Feb

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Donald Trump en la Casa Blanca

De izda. a dcha. y de arriba abajo, Donald Trump firmando decretos en la Casa Blanca, Cumbre México-UE, reunión de países emergentes (BRICS) y encuentro Rusia- Reino Unido. Fuentes: Facebook Casa Blanca, Presidencia de la República Mexicana, Narendra Modi, Kremlin.ru. (Imágenes de dominio público y Licencia CC).

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha puesto punto y final a toda una era, la de la Posguerra Fría y el multilateralismo liderado por la primera potencia americana. EE.UU. y su nuevo presidente todavía aspiran a liderar el mundo pero ahora prefieren hacerlo en solitario, sin tomar demasiado en cuenta la existencia de otros focos de poder activos en la sociedad internacional actual.

Las primeras medidas adoptadas por Donald Trump en la Casa Blanca han inquietado a buena parte de los dirigentes occidentales con los que hasta ahora el “Gendarme del mundo” se relacionaba en un clima de “entente cordiale”. Aunque el  sistema de alianzas multilaterales tejido tras la Segunda Guerra mundial no parece estar en riesgo, surgen dudas sobre su eficacia y sobre la capacidad de organizaciones como la ONU o la OTAN para solucionar conflictos internacionales sin el apoyo de EE.UU. ¿Cuál será el devenir de la guerra en Siria, del conflicto palestino-israelí o de la lucha contra el terrorismo internacional?

El auge de los nacionalismos

En los últimos tiempos, los excesos de la globalización han generado desigualdades socioeconómicas y un gran descontento en las sociedades de los países desarrollados. El malestar social y la ineficacia de las instituciones de gobierno para resolver los problemas de los ciudadanos están contribuyendo a aupar al poder a opciones políticas antisistema, hasta ayer minoritarias y con escasa capacidad de convocatoria. El UKIP en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia o Amanecer Dorado en Grecia son los partidos del nacionalismo europeo del siglo XXI. Sus líderes promueven la defensa a ultranza del Estado-Nación, el fomento de sentimientos racistas y de las políticas antiinmigración, así como un exacerbado proteccionismo económico propio de otras épocas.

Marine LePen y Nigel Farage

Marine Le Pen, dirigente del Frente Nacional francés y Nigel Farage, miembro del UKIP. Autores: Marie-Lan Nguyen y Stephen West (Licencia CC).

La salida del Reino Unido de la Unión Europea ha significado el culmen de la insatisfacción y de la decepción de los electores británicos respecto al funcionamiento de un sistema de gobierno multilateral a nivel regional. El “Brexit” le ha dado un portazo a Europa y a su histórico modelo de integración política y comercial. Y el Reino Unido se ha convertido en un símbolo del rechazo a las sociedades multiculturales cuyo máximo exponente es la América del “melting pot” y no la del “America first”.

Seguir leyendo reportaje Un nuevo orden mundial: nacionalismo, proteccionismo y multipolaridad

Elecciones EE.UU. Donald Trump, presidente sorprendente

9 Nov

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Donald Trump, presidente electo de EE.UU.

Donald Trump en su primer discurso como presidente electo de los Estados Unidos. Fuente: Internet.

La victoria del polémico Donald Trump sobre la aspirante del partido demócrata Hillary Clinton representa para muchos un indicador de cambio profundo en la no tan antigua historia política de Estados Unidos. El candidato republicano no es el primer político sin experiencia que alcanza la presidencia del país más influyente del continente americano, pero posiblemente sí haya sido el más controvertido. La presidencia de un arrogante Donald Trump  a priori anuncia grandes transformaciones en EE.UU y en el resto del mundo, aunque surgen dudas sobre la virtualidad de un cambio más aparente que trascendente.

La victoria de Donald Trump

Donald Trump ha ganado las elecciones a la presidencia de Estados Unidos por un cuestionado margen de votos, una situación no del todo inusual en las grandes citas electorales del extenso país americano. El antecedente más reciente: las disputadas elecciones que dieron la victoria a Georges W. Bush en el año 2000. Una diferencia escasa de 500.000 votos a favor de Al Gore no impidió ser presidente a un candidato republicano tan cuestionado como Donald Trump por su incapacidad para hacer frente a los desafíos de una nueva presidencia en tiempos de cambio.

En estas elecciones Donald Trump tampoco se ha presentado como el abanderado del cambio político y social en EE.UU. Sus propuestas para “volver a hacer América grande” (construir muros contra la inmigración ilegal, deportar a 11 millones de trabajadores ilegales, recuperar Guantánamo, vigilar indiscriminadamente a la ciudadanía) no han sido innovadoras ni revolucionarias, ni siquiera populistas, sino más propias de partidos de extrema derecha. Trump, un independiente que entró como un viento huracanado en el partido republicano, ha empleado durante la campaña una estrategia de comunicación directa, con mensajes extremistas e incendiarios, cuya única finalidad era llamar la atención de un electorado pasivo y desencantado.

→Vídeo. Intervención de Donald Trump durante el último debate electoral con Hillary Clinton. El candidato republicano expresa su opinión en contra de la inmigración ilegal. Fuente: Canal oficial de Donald Trump en You Tube.

Hillary Clinton, ni cambio ni recambio

Tras los comicios, algunos se preguntan si Donald Trump ha ganado realmente las elecciones o si no ha sido Hillary Clinton quien las ha acabado perdiendo por exceso de confianza. Para muchos votantes demócratas decepcionados con Barack Obama, la exprimera dama norteamericana no ha representado el cambio deseado y prometido. Ni tampoco un recambio político, porque Clinton se ha mostrado diferente a Obama la hora de hacer política. A Hillary le han votado las mujeres, las clases medias blancas y las minorías étnicas, pero también las grandes corporaciones y las élites económico-financieras. Meses atrás, durante las primarias del partido demócrata, logró vencer al resto de candidatos “izquierdistas” posicionándose sin miedo hacia la derecha de su propia formación política. Una estrategia que posiblemente le haya hecho perder más votos de los deseados.

Hillary Clinton durante un mitin en Arizona

Hillary Clinton durante un mitin en Arizona en marzo de 2016. Autor: Gage Skidmore (Licencia CC).

El papel de los indecisos parece haber sido fundamental para inclinar la balanza del lado de Trump, más allá de los mensajes provocadores, de los escándalos surgidos durante la campaña electoral o de las maniobras de acoso y derribo del adversario. En contra del establishment, los estadounidenses han votado paradójicamente esta vez por la opción más nacionalista y proteccionista, dentro y fuera de su territorio. Mientras, el resto de potencias mundiales se preguntan si Donald Trump finalmente se atreverá a poner en práctica sus propuestas más discutidas, en qué tiempos y bajo qué formas.

Continuismo político

Los analistas políticos han vendido estas elecciones como un enfrentamiento polarizado entre dos candidatos opuestos en las formas aunque no tanto en el contenido. Ambos han defendido la estabilidad de un sistema económico liberal con algunas concesiones extra a las políticas sociales asumidas por el Estado, en el caso de Hillary Clinton. Aunque poco se ha difundido del contenido real de los respectivos programas electorales.

Al contrario de lo que ocurrió durante las presidenciales que dieron el triunfo a Barack Obama en 2008, la campaña no se ha desarrollado en los nuevos medios sino en un canal tan tradicional como efectivo: la televisión. Los medios audiovisuales han caricaturizado a los oponentes -un empresario racista y xenófobo y una exprimera dama engañada- y exprimido su popularidad para ganar audiencia a golpe de telerrealidad. Ya sea por conveniencia o por indiferencia, tanto Clinton como Trump se han dejado convertir en dos productos de consumo enfrentados en una sociedad marcada por los dictados de los medios de comunicación.

→Vídeo. Participación de la candidata demócrata Hillary Clinton en el programa de entretenimiento “The Tonight Show” presentado por Jimmy Fallon. Clinton mantiene una conversación telefónica con un ficticio Donald Trump. Fuente: You Tube.

Durante la larga campaña electoral -año y medio si incluimos los procesos internos de selección interna de candidatos por cada partido- los americanos han ido descartando todas la opciones más próximas al cambio social: Bernie Sanders fue derrotado por Hillary Clinton en las primarias del partido demócrata y los candidatos de otros partidos como el Green Party son opciones anecdóticas para los estadounidenses que siguen prefiriendo hacer uso del voto útil y erigir opciones mayoritarias en el Congreso -casi exclusivamente en manos de Republicanos o Demócratas-.

Bernie Sanders y Jill Stein

El aspirante y senador por Vermont Bernie Sanders era el preferido por el sector más “izquierdista” del partido demócrata. Fuente: Congreso de los EE.UU. (sanders.senate.gov). Imagen de dominio público. A la dcha., la activista Jill Stein, candidata presidencial del Green Party. Autor: Gage Skidmore (Licencia CC).

A pesar del descontento social por los bajos salarios en Estados Unidos y de la carestía de los seguros privados de salud, los estadounidenses no se muestran especialmente interesados en instaurar un sistema público de salud inclusivo y garantista, acostumbrados a tener que pagar por casi todo lo esencial (vivienda, educación o sanidad). Lo mismo ocurre con los altos índices de criminalidad que nadie quiere vincular a la tenencia descontrolada de armas, o la inmigración ilegal a la que se sigue culpando del aumento del desempleo.

La ausencia de una voluntad real por afrontar cambios políticos profundos por parte de Hillary Clinton y Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales se explica por la inexistencia de un cambio social significativo. La sociedad estadounidense es aun una entidad en su mayoría conservadora y monolítica, y ello a pesar de la aparente polarización mediática construida por los medios durante la campaña electoral. Los resultados electorales que han dado la victoria a Donald Trump son buena prueba de ello.

+ info:

→El 20 de enero de 2017, Donald Trump se convertirá en el 45 presidente de EE.UU. Trump ha dado al traste con las aspiraciones de Hillary Clinton de convertirse en la primera mujer presidenta en la historia de su país. Desde que en 1872 la sufragista Victoria Woodhull presentase su candidatura (sin votos) solo 17 mujeres más lo han intentado en el pasado, sin éxito.

→El sistema electoral estadounidense no permite a los electores votar directamente por un candidato. Los votantes eligen un determinado número de compromisarios por Estado que a su vez votan por cada candidato. A pesar de que Hillary Clinton obtuvo 395.000 votos directos más que Donald Trump, este sumó un total de 306 compromisarios, superando la mayoría necesaria de 270 votos para proclamarse presidente de Estados Unidos.

Resultados de las elecciones presidenciales en EE.UU. por Estados (2016).

El matrimonio Clinton junto a Donald Trump.

El matrimonio Clinton junto a Donald Trump. Fuente: Internet.

Las relaciones entre Hillary Clinton y Donald Trump

Se da la circunstancia de que en 1968 Hillary Clinton fue presidenta de la asociación Young Republicans y becaria del partido republicano en el Congreso de EE.UU. Poco después su ideología dio un rumbo hacia ideas más progresistas.

En el pasado, el matrimonio Clinton recibió donaciones de Donald Trump para fines políticos a través de la Fundación Clinton. En 2012, el mediático empresario decía de Hillary Clinton que era una mujer “fantástica”. “Me gustan mucho ella y su marido”, llegó a afirmar Trump en la cadena Fox.

Documental “Así se hizo Trump”. Fuente: RTVE. Año: 2016. Contenido disponible hasta el 11-11-2016.

Documental “Hillary Clinton, una mujer a abatir” (A woman on the edge). Fuente: RTVE. Año: 2016. Contenido disponible hasta el 11-11-2016.

Elecciones generales 20D. Aciertos y desaciertos de los candidatos en televisión

21 Dic

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Los candidatos del 20D

De izda. a dcha., Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Alberto Garzón, Albert Rivera y Mariano Rajoy. Fuente: Wikipedia (Licencia CC).

Hace escasamente seis meses muchos confiaban en que un cambio era posible en el panorama político español. Y tras las elecciones generales del 20 de diciembre ese cambio ha ocurrido, aunque posiblemente no en la medida en que los candidatos a presidente del gobierno esperaban. La participación electoral en estos últimos comicios no ha alcanzado las cifras de 1982, que casi rozaron el 80%. Pero el hecho de que un 73,21% de ciudadanos con derecho a voto (un 4,27% más que en las elecciones de 2011) acudiera a su cita con las urnas ya es un indicador de que los tiempos están cambiando.

O quizás no tanto. Porque la campaña electoral que ha precedido a las votaciones se ha desarrollado fundamentalmente en televisión, el medio de comunicación política por excelencia desde los años sesenta.

La campaña electoral en televisión

El debate que enfrentó a Richard Nixon contra John F. Kennedy en 1960 por primera vez en una televisión hizo historia. 70 millones de espectadores contemplaron por aquel entonces el enfrentamiento entre un candidato anticuado (Nixon) y otro perfectamente adaptado a los nuevos códigos que el medio imponía (Kennedy). Y eso que la televisión no había llegado aun a todos los hogares de los estadounidenses.

Debate Nixon-Kennedy (1960)

Debate Nixon-Kennedy celebrado en una televisión de Chicago el 27 de septiembre de 1960. (Imagen de dominico público).

En España tuvimos que esperar al año 1993 para asistir al primer debate televisado entre dos aspirantes a ocupar la presidencia del gobierno. El duelo entre José María Aznar y Felipe González fue moderado por el periodista Manuel Campo Vidal, el mismo que ha venido dirigiendo los escasos debates a dos acordados en las sucesivas citas electorales en España.

En el año 2015 ese formato ha quedado superado por las exigencias de la política-espectáculo, planteada en términos de vencedores y ganadores en los debates y programas de entretenimiento emitidos en televisión. Atrás quedaron los tiempos en que los partidos se peleaban por rebañar minutos en los informativos de televisión y emitir  las mejores intervenciones de los candidatos en sus mítines políticos.

Según un estudio de la consultora Kantar publicado en octubre de 2015, la televisión es el primer medio elegido por los españoles para seguir la campaña electoral. Un 53,8% de los ciudadanos lo prefiere por encima de los medios digitales, la radio y la prensa escrita. Y ese dato ha sido tomado muy en cuenta por los líderes políticos en liza.

Debates y más debates

En los últimos meses y días ha habido más debates, más tertulias y más espacios políticos que nunca en la historia de la televisión española. Los candidatos se han sometido al escrutinio de los espectadores en todo tipo de programas y no solo políticos: programas de humor, de entretenimiento, familiares, de entrevistas, de deportes y desafíos extremos, etc. En definitiva, una loca carrera por ser el más simpático, el más atractivo, el más cercano o el más competente. O todo ello a la vez.

Decía la periodista Ana Pastor en uno de los debates televisados en estos días que  “leer los programas de los partidos políticos también es un buen ejercicio”. Porque lo que se emite por televisión al fin y al cabo no deja de ser una simplificación y, sobre todo, una escenificación.

Debate a cuatro en A3media

Debate a cuatro organizado por Atresmedia. De izda. a dcha. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría. Fuente: Internet.

Quizás por eso, los debates que se han retransmitido durante los últimos días lo han sido como si fuesen acontecimientos deportivos, creando una máxima expectación. Primero con la llegada de los candidatos a las inmediaciones del estadio-plató, seguida de la emisión del partido-debate y finalizando con  las entrevistas post-partido al término del enfrentamiento.

Debate cara a cara Sánchez-Rajoy

Debate cara a cara entre Pedro Sánchez (PSOE) y Mariano Rajoy (PP) organizado por la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España. En el centro de la imagen, Manuel Campo Vidal, moderador del debate. Fuente: Internet.

Todo un espectáculo televisivo. Y efectivo, porque en estas elecciones, los votantes no hemos comprado al candidato  más interesante  por Internet -no somos EE.UU ni los candidatos son Barack Obama-, ni desde luego en un mítin celebrado una  fría tarde de diciembre, sino en la teletienda de las tertulias y debates en televisión.

Aciertos y desaciertos de los candidatos

En los últimos días, los aspirantes a presidir el gobierno de España durante los próximos cuatro años han multiplicado su presencia en los programas televisivos de las cadenas públicas y privadas. Unos con mayor acierto, suerte o experiencia que otros.

En todo caso, no existe el candidato perfecto y la imagen proyectada en televisión no es el único factor que decide el rumbo de unas elecciones. El programa  electoral o la cohesión interna del partido del candidato son factores igualmente decisivos, aunque  ninguno de ellos es capaz de influir de forma aislada en el resultado de unas elecciones.

El día después de las votaciones toca hacer examen de conciencia y en el ámbito mediático, es posible que los candidatos hagan un repaso de sus aciertos y desaciertos cometidos a lo largo de los últimos días de campaña. Estos han sido algunos de los más llamativos:

Mariano Rajoy (Partido Popular):

Mariano Rajoy en "La Sexta Noche"

Mariano Rajoy durante su participación en el programa de televisión de La Sexta, “La Sexta Noche”. Fuente: Internet.

→Aciertos: participar en el encuentro con ciudadanos en el programa “La sexta Noche”. Tras una legislatura plagada de ausencias e incomparecencias ante los medios, el actual presidente del gobierno finalmente se atrevió a dar la cara de forma directa ante el electorado. Comunicó cercanía y seguridad y preparó bien sus respuestas.

→Desaciertos: declinar participar en el debate a cuatro bandas organizado por Atresmedia y proponer a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría como sustituta. Con su decisión Rajoy transmitió la imagen de un candidato anticuado, sin habilidad para desenvolverse con eficacia en los nuevos escenarios de la comunicación política.

Valoración del líder: 32% de los encuestados lo aprueba (fuente: Metroscopia para el diario El País el 14-12-2015).

Eslogan de partido: “España en serio”

Ha ganado/perdido las elecciones por: la estrategia de partido.

Pedro Sánchez (Partido Socialista Obrero Español):

Pedro Sánchez en un mítin del PSOE

Pedro Sánchez en un mitin reciente del PSOE. Fuente: Internet.

→Aciertos: ser el primer líder político que se lanzó a participar en programas ajenos a la política en televisión. La telegenia de Pedro Sánchez ha funcionado mejor en programas de telerrealidad (Sálvame) y entretenimiento que en espacios propiamente políticos.

→Desaciertos: el candidato del PSOE ha acusado un progresivo descontrol de su imagen pública en sus sucesivas comparecencias en televisión.  Su tono agresivo en el debate cara  cara con Mariano Rajoy y su ausencia de propuestas políticas le han calificado como un candidato débil y cada vez más desdibujado.

Valoración del líder: 36% de los encuestados lo aprueban como candidato (fuente: Metroscopia para el diario El País el 14-12-2015).

Eslogan de partido: “Un partido para la mayoría”

Ha ganado/perdido las elecciones por: sus carencias como candidato.

Pablo Iglesias (Podemos):

Pablo Iglesias en campaña.

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos durante un acto de campaña en diciembre de 2015. Fuente: Internet.

→Aciertos: Pablo Iglesias es uno de los ejemplos más claros de líder político nacido en la televisión (programa La Tuerka). Compensa su escasa telegenia con un dominio absoluto del lenguaje audiovisual y de los tiempos televisivos. El secretario general de Podemos es el candidato con mejor capacidad dialéctica de todos los que han intervenido en televisión durante la campaña electoral. Su mejor actuación: el debate a cuatro organizado por Atresmedia.

Desaciertos: el empleo de una retórica artificial para referirse a actos comunes de campaña como los tradicionales mítines a los que denomina “entrevistas de trabajo”. En ocasiones su discurso proyecta una imagen política utópica más propia de otros tiempos.

Valoración del líder: 35% de los encuestados lo aprueban (fuente: Metroscopia para el diario El País el 14-12-2015).

Eslogan de partido: “Un país contigo, Podemos”

Ha ganado/perdido las elecciones por: el plan de comunicación de su partido político.

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Cataluña, Gran Bretaña y los riesgos de gobernar de cara a la galería

15 Nov

Conectados

Semana del 09 al 15 de noviembre de 2015

Autora: Samia Benaissa Pedriza

 David Cameron y Artur Mas (dcha.).

El primer ministro británico David Cameron y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas (dcha.). Fuente: Guillaume Paumier y Wikipedia (Licencia CC).

La resolución independentista votada esta semana por el parlamento catalán y auspiciada por los desafíos soberanistas de Artur Mas ha encendido la mecha del desasosiego político en España. Mientras, en Europa, un envalentonado David Cameron retaba una vez más a sus socios europeos con el anuncio de un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE, que se celebrará antes de finales de 2017.

Las reivindicaciones independentistas en Cataluña no son nuevas, aunque ahora han tomado impulso con el apoyo de un sector de la opinión pública, aprovechando los efectos de la crisis económica. Es claramente comprensible que la mala gestión de los asuntos públicos haya sido capaz de dinamitar la confianza de los catalanes en sus instituciones de gobierno, aunque no se trate de un asunto privativo de una sola región española.

En el Reino Unido, también parece que la crisis económica ha dado alas a los partidos minoritarios, euroescépticos y separatistas. La presión ejercida por el polémico UKIP y el descontento con Europa de un sector del partido conservador británico han obligado a David Cameron a formular una estrategia política de alejamiento de las instituciones comunitarias, al menos de cara a la galería.

En estos días David Cameron amenazaba con salirse del club europeo si sus socios no aceptan sus condiciones de permanencia, centradas básicamente en mantener con ellos una relación comercial y solo comercial. Cameron exige una mayor liberalización de las reglas del mercado único y una práctica exclusión del Reino Unido de las cooperaciones reforzadas de la Unión, en particular en todo lo que atañe a la cuestión migratoria. En definitiva, una nueva prórroga para que el Reino Unido conserve su estatus histórico de “enfant terrible” y privilegiado.

Lo curioso es que las propuestas del premier británico han sido acogidas con benevolencia por Angela Merkel, también conservadora y consciente de que las presiones del gobierno inglés no se salen demasiado del guion acordado. “Si mantenemos una voluntad real de encontrar soluciones, entonces confío razonablemente en que llegaremos a un acuerdo”, ha dicho al respecto la canciller alemana.

La maniobra de Cameron era de esperar. A nivel interno puede permitírsela porque que juega sobre seguro (nadie quiere una Unión Europea sin el Reino Unido, incluidos los británicos). Pero Artur Mas, no. Si pensaba el líder catalán que sosteniendo las tesis de los separatistas catalanes obtendría los votos necesarios para mantener un poder político erosionado por sus errores en el gobierno de la Generalitat, está claro que se equivocaba. Porque aunque Mas ha intentado apostar a caballo ganador, al final el rocín le ha salido desbocado y contestón.

Pero algo sí ha conseguido hacer bien Artur Mas: correr una tupida cortina de humo para enmascarar los problemas de gestión de los asuntos públicos de Cataluña en los últimos tiempos. Una estrategia a todas luces fracasada en el plano personal porque el triunfo electoral de los independentistas se ha logrado a costa de su más que probable desalojo del poder. No parece que Mas midiera bien las consecuencias de alinearse con las fuerzas del separatismo catalán que están resultando ser bastante más correosas de lo que en principio esperaba.

Diseñar tácticas políticas, llegar a acuerdos y forjar alianzas entre partidos es normal en un régimen democrático saneado. Que surjan nuevas voces con propuestas diferentes y hasta opuestas en una democracia es reconfortante y saludable, pero siempre que no se superen los límites de la legalidad y del Estado de Derecho. Y en esa delgada línea es donde Artur Mas ha estado balanceándose últimamente como un funambulista sin red. Si nadie lo remedia, puede que esta vez sí acabe cayendo al vacío político.

 

Opinión. Lo que esconde una bandera

28 Jun

Conectados

Semana del 22 al 28 de junio de 2015

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Banderas

A la izda., la bandera “dixie”, insignia de los estados confederados del sur de EE.UU. A la dcha., Pedro Sánchez , secretario general del PSOE, delante de la bandera española de 1978. Fuentes: Wikipedia y http://www.eldiario.es (Licencia CC).

El rechazo provocado por la exhibición de la bandera confederada de los estados del sur de Estados Unidos tras la masacre de Charleston no resultaría un hecho insólito, si no se tuviera en cuenta la idiosincrasia del pueblo norteamericano. En un acertado artículo publicado en The New Yorker, el periodista Adam Gopnik advierte de que a pesar de las lamentaciones del momento por la tragedia, los hechos volverán a ocurrir. Indefectiblemente. Una y otra vez. Como en Virginia Tech, Aurora y Newtown, escenarios de las últimas matanzas perpetradas con armas de fuego contra civiles.

La icónica bandera, popularmente conocida como “dixie”, arrastra un historial de racismo que hasta la fecha nadie en Estados Unidos se había atrevido a rechazar con contundencia. La insignia todavía luce en la entrada del capitolio de Carolina del Sur, a pesar de las iniciativas para su retirada. Y lo cierto es que la bandera siempre ha sido un exitoso producto de merchandising  cuya vida comercial corre el riego de llegar a su fin, si los principales comerciantes del país ponen en práctica sus intenciones de retirarla del mercado. Porque en los tiempos que corren nadie quiere asociar su marca a  un racismo que el propio presidente Obama -de origen afroamericano-  ha reconocido estar inserto en el ADN de los estadounidenses.

Pero ¿qué se esconde realmente tras la bandera confederada? Cuando un joven Wasp de 21 años, que exhibía con orgullo la “dixie”,  decidió quitar la vida a nueve afroamericanos en una iglesia de Charleston por el mero hecho de serlo, ¿qué problema social estaba verdaderamente saliendo a la luz? ¿Solo el odio racial?  Obviamente ese es un conflicto social histórico, no resuelto 150 años después del final de la Guerra Civil  (1861-1865) y tras medio siglo de lucha por los derechos civiles en EE. UU.

Pero el trasfondo de esta tragedia es otro. No ha sido el odio el que ha asesinado a nueve personas inocentes, ni el azar, o la profesión de una fe religiosa. Lo que silenció a las  víctimas fue otra cosa: una ordinaria y barata arma de fuego.

En EE.UU. se han alzado en estos días algunas voces a favor del control de armas, dejadas en manos de ciudadanos que no están ni preparados ni concienciados de los peligros que su uso entraña. Lo decepcionante es que siguen siendo minoritarias y silenciadas por una mayoría que no quiere ni oír hablar de su restricción o de una regulación racional. Por eso, como bien apunta The New Yorker, la tragedia de Charleston tendrá pronto y desgraciadamente, su subsiguiente réplica.

En España, el uso de la bandera nacional en un acto político por parte del candidato del partido socialista a la presidencia del gobierno, también ha suscitado polémica esta semana. En estos tiempos de lucha descarnada de todos contra todos por arrebatar votos al contrario, hasta el uso electoral de la bandera constitucional de 1978 es motivo de discusión.

Es más que evidente que la bandera nacional no significa lo mismo para todos pero a la hora de arrancar votos, parece que todo vale. Pedro Sánchez empleó durante su discurso un recurso visual muy efectista: una bandera digital monumental que apelaba a la unidad nacional. Lo que traducido al lenguaje vulgar viene a significar un intento desesperado por aglomerar el mayor número posible de adscripciones a su proyecto político, vengan de donde vengan (derecha, centro o centro-izquierda).

Que el PSOE haya utilizado un símbolo nacional común como estrategia preelectoral, parece que no le ha sentado bien a nadie por razones diversas y hasta opuestas. Pero es que ahora que se anuncia el fin del bipartidismo, la lucha por el poder es feroz. Y la suspicacia y la vigilancia del comportamiento ético de la clase política española por sus  propios protagonistas están llegando a unos extremos que rozan el paroxismo.

En esta época de democracia mediática, en la que los discursos se adaptan a los soportes de comunicación y descansan más en las formas que en el fondo, el valor de los  símbolos está en auge. “El medio es el mensaje” decía Marshall McLuhan, lo que en principio no es ni bueno ni malo. Aunque a los ciudadanos nos dificulte algo más la tarea de descifrar el mensaje oculto, el auténtico, en definitiva, lo que se esconde tras los gestos de cara a la galería.

La imagen de una bandera puede valer más que mil palabras, o no. Es lo malo de los símbolos: su reduccionismo,  su ambigüedad y su extraordinaria capacidad de manipulación política.  Aunque todo depende de quien los utilice y de quienes los interpreten. Ya sea en Charleston o en Madrid. Por eso hoy más que nunca, en el escenario político y social, los ciudadanos debemos  traspasar los símbolos mediáticos para llegar al mensaje. Se precisa una mayor reflexión y mucho ojo avizor.

Opinión. Syriza y la caída del socialismo

27 Ene

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Alexis Tsipras, Jean Claude Juncker y Mariano Rajoy.

De izda. a dcha. Alexis Tsipras, nuevo primer ministro heleno, Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea y Mariano Rajoy, presidente del ejecutivo español. Fuentes: Wikipedia y Pool Moncloa (Imágenes de dominio público y Licencia CC).

La fulgurante victoria de Syriza en las elecciones griegas, a tan solo dos escaños de la mayoría absoluta, ha hecho sonar todas las alarmas en el paraíso europeo. “En Bruselas no gustan las caras nuevas”, afirmaba  hace treinta días Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. Mientras los hermanos mayores -los tradicionales partidos de electores–  reaccionan como el “príncipe destronado” de Delibes y se echan las manos a la cabeza ante la llegada de un nuevo miembro a la familia, otros se frotan las manos.

En España, Podemos ha felicitado a su formación hermana manteniendo las diferencias entre ambos partidos. Algo que parece haber olvidado oportunamente la clase política de izquierdas de este país. Cayo Lara  (IU) ha dicho que “en Grecia gana la izquierda “y el partido socialista a través de su secretario general Pedro Sánchez también ha felicitado a Syriza. Lo que, dadas las circunstancias, genera una imagen irreal y utilitarista de compañerismo de usar y tirar.

Lo cierto es que el Pasok, el partido socialdemócrata de Grecia, solo ha obtenido el 4,8% de los votos. Sin duda, la formación  política ha acusado su apoyo al gobierno conservador de Andonis Samarás durante los últimos tiempos y la sumisión a los estrictos dictados económicos de Bruselas. Aunque puede que lo que le eche más en cara su electorado sea la traición a un ideario.

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Opinión. La regeneración de España

28 Dic

Conectados

Semana del 22 al 28 de diciembre de 2014

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Felipe VI y Pablo Iglesias

Discurso de Navidad de S.M. Felipe VI. Fuente: http://www.cuartopoder.es. A la dcha., Pablo Iglesias, líder de “Podemos”. Autor: Olaf Kosinsky (Imágenes con Licencia CC).

En su primer mensaje de Navidad, el nuevo Rey Felipe VI se proyectaba hacia el futuro, a una España renovada y limpia de corrupción. “Necesitamos una profunda regeneración de nuestra vida colectiva”, afirmaba el monarca. Un discurso pertinente pronunciado en la misma semana en la que su hermana, la infanta Cristina era imputada por la presunta comisión de  varios delitos fiscales. En este tiempo de paz se han sucedido, además, las dimisiones de unos cuantos cargos públicos, unos saturados o enfrentados con la justicia y otros definitivamente acorralados por ella.

Felipe VI conminaba a los agentes políticos, económicos y sociales a trabajar unidos por España, anteponiendo siempre el interés de la ciudadanía. Algo que sonaba un poco a sermón de los domingos, que entra por una oreja y sale por la otra. Podemos, no se daba por aludido, sino más bien por excluido. “Se equivoca si piensa que los responsables de la crisis nos sacarán de ella”, afirmaba  en Twitter su Secretario General, Pablo Iglesias.

Ni ellos son tan castos ni yo tan  ̔casta ̓ ” decía estos días en televisión el socialista Pedro Sánchez en relación a Podemos. Rafael Hernando, el recién estrenado portavoz del PP en el Congreso cargaba un poco más las tintas: “Podemos se presenta como Don Limpio pero está lleno de suciedad, por no decir de caca”. Toda una sucesión de eslóganes descalificativos que barruntan guerra sucia a medida que se va acercando 2015 y una nueva cita decisiva de los ciudadanos con las urnas. O sea que de comunión celestial, nada de nada.

Lo que no se puede obviar es que Podemos se ha erigido en el nuevo Don Quijote de la ciudadanía. Los resultados del Euskobarómetro -recién sacados del horno- dan a la formación de Pablo Iglesias el segundo puesto en intención de voto, a un solo punto del PNV.  Unos datos que incluso mejoran  a nivel nacional, según las últimas encuestas publicadas desde que Podemos se constituyó como organización política hace apenas tres meses.

El espectro político está cambiando su configuración a marchas forzadas, lo que refleja no solo un cambio político sino un interesante cambio social. La regeneración de España parece que, por primera vez en muchos años, se originará desde las bases ciudadanas. Y que vendrá por la izquierda. ¿Pero de qué clase, con qué formas y con cuánto arranque?

El escritor Michel Houellebecq vaticinaba en El mapa y el territorio una Europa occidental futura en la que el capitalismo viviría sus últimas horas, sin que por ello los partidos de extrema izquierda consiguieran “seducir más allá de su clientela habitual de masoquistas furiosos”. Dejando a un lado la conocida provocación del escritor galo, no estaría de más analizar esa cita para conseguir atisbar alguna pista de hacia donde se moverá la sociedad española en los próximos tiempos.

De momento, el futuro de España sigue en el aire. Para 2015 el partido en el gobierno nos vende la recuperación y el de la oposición, en el todavía vigente sistema bipartidista de partidos, nos promete modernización. Podemos, mientras tanto, les deja decir, hacer y caer. En unos meses tendremos elecciones generales y nadie quiere pactar coaliciones. O sea, que el que logre formar gobierno seguirá mandando en minoría. Nada nuevo bajo el sol.

Parece que el deseo de unión fraterna lanzado al aire por el nuevo Rey en esta Navidad tendrá que esperar un año más. Al menos El niño Torres vuelve a casa por Navidad, que ya es consuelo.

 

25 aniversario. Así éramos cuando cayó el muro de Berlín

8 Nov

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Celebraciones ante la Puerta de Brandenburgo por la caída del muro de Berlín (1989).

Celebraciones ante la Puerta de Brandenburgo por la caída del muro de Berlín (1989). Fuente: Magnus Manske (Licencia CC).

Son las 23:30 del nueve de noviembre de 1989 y Harald Jäger, agente de frontera de la Stasi, la policía política de la RDA, abre la barrera que separa al Berlín este del oeste. Desde las nueve de la noche una marea humana se había estado congregando ante las puertas del muro. A las 18:00 un representante del régimen había anunciado por televisión que la RDA autorizaba los traslados al exterior de forma inmediata.

Sin embargo al “vopo” Harold Jäger le habían dado instrucciones contradictorias. Su superior no tenía orden de dejar pasar a nadie, pero al filo de la medianoche la muchedumbre ya estaba más que exaltada. “Temía que la gente fuera a ser aplastada” y pensé: “da igual lo que pase, debemos dejar pasar la frontera a los berlineses del este”. Así que finalmente decidió abrir la barrera.

Ahora Jäger tiene 71 años y sigue viviendo en Berlín, aunque no ya en el este, sino en el norte de la ciudad.

Vista del muro de Berlín en noviembre de 1989 desde la zona oeste.

Vista del muro de Berlín en noviembre de 1989 desde la zona oeste. Al fondo se divisa la Puerta de Brandenburgo. Fuente: Mws.richter (Licencia CC).

Lo cierto es que hubo mucha confusión aquella histórica noche del nueve de noviembre. De hecho el anuncio de la apertura inmediata de la frontera entre Berlín este y oeste fue un error fruto de la improvisación. Günter Schabowski, portavoz del gobierno de la RDA y encargado de dar la noticia a los medios, desconocía que la autorización del régimen no era más que un proyecto legislativo que debía entrar en vigor a partir del día siguiente. De cualquier modo, la presión social aceleró el curso de los acontecimientos. Pasada la medianoche todos los puestos fronterizos quedaban abiertos.

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