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La cultura del desacuerdo

8 Sep

Conectados

Semana del 02 al 08 de septiembre de 2019

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Los primeros ministros de Reino Unido y España respectivamente, Boris Johnson (izda.) y Pedro Sánchez. Fuentes: Foreign and Commonwealth Office y Parlamento Europeo. Licencia CC 2.0.

“Mejor solo que mal acompañado” es lo que deben estar pensando dos de los líderes políticos de la UE más aparentemente comprometidos con sus ideales. Boris Johnson y Pedro Sánchez, primeros ministros de Reino Unido y España, se han enfrentado durante los últimos meses a una situación parecida en territorio doméstico. Sin duda alguna, en términos estratégicos, aunque bien distinta en cuanto a objetivos y resultados.

Al premier británico no le ha temblado la mano a la hora de suspender el parlamento y amenazar con convocar nuevas elecciones con tal de obtener algo de tiempo (escaso ya) para intentar convencer a la Unión Europea de renegociar los términos del Brexit según sus intereses. Algo que parece improbable, teniendo en cuenta la inflexible postura oficial que desde las instituciones europeas se ha venido adoptando desde que Theresa May tirase la toalla hace menos de dos meses.

A Pedro Sánchez tampoco parece importarle un escenario de repetición de elecciones si en dos exiguas semanas no llega a un acuerdo programático con las fuerzas de la izquierda, más enrocadas que nunca en sus posiciones. Posiblemente, el líder del PSOE haya tomado buena nota de lo ocurrido recientemente en Italia, cuando la excéntrica coalición de partidos que gestionaba el gobierno se dinamitaba por los aires, por las diferencias irreconciliables entre los socios mayoritarios y los minoritarios. Un aviso a navegantes.

Estirar el tiempo parece ser la consigna a seguir ante la ausencia de acuerdo o la incapacidad para llevar a buen puerto unas negociaciones entre una multiplicidad de actores, derivada, ya sea de una situación de fragmentación del voto o del mero hecho de pertenecer a una lujosa comunidad de vecinos, como es la Unión Europea. La amenaza de un Brexit duro sobrevuela más bajo que nunca los destinos de los británicos y del resto de miembros del club europeo. También la convocatoria de unas nuevas elecciones generales en España es una posibilidad cada vez más real. Las consecuencias en ambos casos serían nefastas desde un punto de vista político y económico, además de normalizar la inestabilidad política y la parálisis institucional.

Quizás, amenazar con que viene el lobo no sea más que una maniobra más para alcanzar unos objetivos políticos determinados, aunque al estirar la cuerda demasiado se corre el riesgo de romperla. Los juristas aseguran que un mal acuerdo es mejor que un buen pleito, y un Brexit (mal) consensuado no puede ser peor que un Brexit sin acuerdo. Para ninguna de las partes enfrentadas. Del mismo modo, un acuerdo de gobierno, programático o no, no debería ser peor que una nueva celebración de elecciones y el aplazamiento sine die de un ejecutivo en funciones prácticamente inoperativo.

Los cambios en el sistema de representación parlamentaria de la mayoría de países desarrollados surgidos tras la globalización han supuesto dejar jugar la partida a un número mayor de jugadores. Competidores de distinta procedencia con los que en muchas ocasiones habrá que negociar y llegar a acuerdos. No sería admisible querer finalizar la partida por una pataleta (Brexit sin acuerdo) o simplemente por ir perdiendo la jugada (PSOE v. Podemos). Solo lo sería en caso de que algún contendiente detectase trampas entre jugadores.

En política, la línea divisoria entre las buenas y las malas prácticas suele ser tenue. Pero no lo suficiente como para que los ciudadanos no puedan verla y decidir con su voto con quien quieren jugar en la próxima partida. Los votantes solo piden a sus políticos que estén a la altura de los desafíos que se les plantean y que sean capaces de superar de una vez la indeseable cultura del desacuerdo.

Opinión. La regeneración de España

28 Dic

Conectados

Semana del 22 al 28 de diciembre de 2014

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Felipe VI y Pablo Iglesias

Discurso de Navidad de S.M. Felipe VI. Fuente: http://www.cuartopoder.es. A la dcha., Pablo Iglesias, líder de “Podemos”. Autor: Olaf Kosinsky (Imágenes con Licencia CC).

En su primer mensaje de Navidad, el nuevo Rey Felipe VI se proyectaba hacia el futuro, a una España renovada y limpia de corrupción. “Necesitamos una profunda regeneración de nuestra vida colectiva”, afirmaba el monarca. Un discurso pertinente pronunciado en la misma semana en la que su hermana, la infanta Cristina era imputada por la presunta comisión de  varios delitos fiscales. En este tiempo de paz se han sucedido, además, las dimisiones de unos cuantos cargos públicos, unos saturados o enfrentados con la justicia y otros definitivamente acorralados por ella.

Felipe VI conminaba a los agentes políticos, económicos y sociales a trabajar unidos por España, anteponiendo siempre el interés de la ciudadanía. Algo que sonaba un poco a sermón de los domingos, que entra por una oreja y sale por la otra. Podemos, no se daba por aludido, sino más bien por excluido. “Se equivoca si piensa que los responsables de la crisis nos sacarán de ella”, afirmaba  en Twitter su Secretario General, Pablo Iglesias.

Ni ellos son tan castos ni yo tan  ̔casta ̓ ” decía estos días en televisión el socialista Pedro Sánchez en relación a Podemos. Rafael Hernando, el recién estrenado portavoz del PP en el Congreso cargaba un poco más las tintas: “Podemos se presenta como Don Limpio pero está lleno de suciedad, por no decir de caca”. Toda una sucesión de eslóganes descalificativos que barruntan guerra sucia a medida que se va acercando 2015 y una nueva cita decisiva de los ciudadanos con las urnas. O sea que de comunión celestial, nada de nada.

Lo que no se puede obviar es que Podemos se ha erigido en el nuevo Don Quijote de la ciudadanía. Los resultados del Euskobarómetro -recién sacados del horno- dan a la formación de Pablo Iglesias el segundo puesto en intención de voto, a un solo punto del PNV.  Unos datos que incluso mejoran  a nivel nacional, según las últimas encuestas publicadas desde que Podemos se constituyó como organización política hace apenas tres meses.

El espectro político está cambiando su configuración a marchas forzadas, lo que refleja no solo un cambio político sino un interesante cambio social. La regeneración de España parece que, por primera vez en muchos años, se originará desde las bases ciudadanas. Y que vendrá por la izquierda. ¿Pero de qué clase, con qué formas y con cuánto arranque?

El escritor Michel Houellebecq vaticinaba en El mapa y el territorio una Europa occidental futura en la que el capitalismo viviría sus últimas horas, sin que por ello los partidos de extrema izquierda consiguieran “seducir más allá de su clientela habitual de masoquistas furiosos”. Dejando a un lado la conocida provocación del escritor galo, no estaría de más analizar esa cita para conseguir atisbar alguna pista de hacia donde se moverá la sociedad española en los próximos tiempos.

De momento, el futuro de España sigue en el aire. Para 2015 el partido en el gobierno nos vende la recuperación y el de la oposición, en el todavía vigente sistema bipartidista de partidos, nos promete modernización. Podemos, mientras tanto, les deja decir, hacer y caer. En unos meses tendremos elecciones generales y nadie quiere pactar coaliciones. O sea, que el que logre formar gobierno seguirá mandando en minoría. Nada nuevo bajo el sol.

Parece que el deseo de unión fraterna lanzado al aire por el nuevo Rey en esta Navidad tendrá que esperar un año más. Al menos El niño Torres vuelve a casa por Navidad, que ya es consuelo.