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Edward Snowden, un puñado de rumores

13 Feb

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Edward Snowden

Xilografía de Edward Snowden. Autor: Felipe Crespo (Licencia CC).

La vida de Edward Snowden desde que decidiera sacar a la luz las miserias del espionaje estadounidense, solo puede calificarse de incierta. Precariedad e inseguridad son los términos que definen su modo de vida desde que en 2013 huyese a Hong Kong con una ristra de información confidencial sobre el modo en que la NSA (la Agencia Nacional de Seguridad) espía a los ciudadanos del mundo. Incluidos los gobernantes de potencias aliadas de EE.UU. que obviamente no se lo tomaron demasiado bien.

Hasta ahora el exanalista informático respiraba tranquilo en Rusia donde se le ha concedido una prórroga del permiso de residencia del que gozaba hasta el año 2020. Pero tras pasar cuatro años en el gélido país de Vladimir Putin, Snowden teme ahora por su suerte tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU.

Los abogados de Snowden intentaron que Barack Obama le concediese el indulto antes de finalizar su mandato. Algo altamente improbable teniendo en cuenta que Snowden asegura que reveló lo que sabía porque se sintió decepcionado por la pasividad de Obama. Al ahora expresidente le quedó claro que Snowden no era el soldado Manning, otro delator condenado a 35 años de privación de libertad, que sí se enfrentó a un proceso judicial y sí mostró arrepentimiento.

¿Qué pasa con Edward Snowden? Cien mil firmas apoyaron la petición de indulto de Manning ante la Casa Blanca pero solo quinientas respaldaron la de Snowden. El exempleado de la NSA recibe apoyo institucional de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch pero hasta la fecha no ha logrado que ningún país se muestre dispuesto a ofrecerle asilo político en su territorio.

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Alexander Litvinenko: el pasado siempre vuelve

27 Ene

Autora: Samia Benaissa Pedriza

El caso Litvinenko.

De izda. a dcha., Alexander Litvinenko en su lecho de muerte en el University College Hospital, el presidente ruso Vladimir Putin y el exmagistrado del Tribunal Supremo británico, Robert Owen. Debajo: La policía investiga el asesinato de Litvinenko en el Millenium Hotel de Londres. Fuentes: Internet y Wikipedia (Licencia CC).

La historia sitúa el final de la Guerra fría en 1991, cuando la URSS dejó de ser una unión de repúblicas soviéticas y parecía que las sórdidas historias de espías dejarían de ser una fuente de inspiración constante para el imaginario colectivo.

Pero el llamativo asesinato en Londres del espía ruso Alexander Litvinenko cometido presuntamente por dos agentes de los servicios rusos de inteligencia en el año 2006 vino a sacarnos una vez más de la edad de la inocencia.

Diez años después del crimen se publican las conclusiones de una investigación de naturaleza política encargada por el parlamento británico en el año 2012 al exmagistrado del Tribunal Supremo, Robert Owen. Y el informe, de 329 páginas, no tiene desperdicio.

En primer lugar porque la estructura del relato y el estilo de narración lo convierten en una mezcla entre un informe científico-técnico, una investigación periodística y una novela policiaca. Es probable que Sir Robert Owen haya creado un nuevo género periodístico-literario casi por casualidad y sin esperarlo. Que tiemblen los popes del nuevo periodismo.

Al comenzar la lectura del informe, el lector tiene la impresión de estar recorriendo las líneas de una rigurosa investigación periodística, con sus antecedentes, sus hechos, la descripción de personajes clave y otras informaciones de interés organizadas en partes y capítulos con títulos clásicos como “Alexander Litvinenko: su vida en Rusia y en el Reino Unido, su enfermedad y su muerte” (tercera parte) o “¿Enemigo del Estado ruso?” (cuarta parte).

Además el juez no oculta que entre las fuentes de la investigación incluyó publicaciones como The Litvinenko File del periodista de investigación Martin Sixsmith o The Terminal Spy, de Alan Cowell.  Todo con la finalidad de diseñar un perfil de la víctima lo más próximo a la realidad del caso.

Pero si nos adentramos un poco más en la lectura observamos que Owen adopta unas formas de expresión cercanas al drama y a la novela negra clásica. “¿Quién querría asesinar a Alexander Litvinenko?” o “¿Quién ordenó el asesinato?” son preguntas que Owen formula para introducir las partes 4 y 9 de la investigación.

No resulta difícil imaginar a Sir Robert Owen sentado en una butaca de cuero inglés sugiriendo y descartando hipótesis como si de un moderno Sherlock Holmes se tratara. “¿Se auto envenenó Alexander Litvinenko?”, se plantea el juez en el capítulo 5 de la octava parte. “¿Si el Sr. Litvinenko no vertió el polonio 210 en la tetera aquella tarde, quien lo hizo?”, continúa con su razonamiento. “Estoy seguro de que los Sres. Lugovoy y Kovtun vertieron polonio 210 en la tetera del Pine Bar el 1 de noviembre de 2006”, termina por afirmar. Elemental, querido Watson.

Es de agradecer que en su informe el antiguo magistrado decidiera emplear un estilo de narración asertivo, claro y en ocasiones obvio hasta la saciedad. También que incluyese valoraciones personales y que se expresase sin miedo en primera persona (“me siento plenamente satisfecho de que los servicios de inteligencia británica y las instituciones de gobierno británicas en general no tuviesen nada que ver en el asesinato de Alexander Litvinenko ”, llega a decir en sus conclusiones).

Para terminar de convertir el informe en un best seller, habría que añadir al documento unas cuantas fotografías que ilustrasen las localizaciones principales y el valioso listado de “dramatis personae” que incluye Owen en los anexos de la investigación.

Aunque para ser sinceros, la investigación ordenada por la Cámara de los Comunes ha conseguido generar más ruido que furia. Las afirmaciones del magistrado sobre la “probable” autoría intelectual del crimen que recaería en el propio presidente Vladimir Putin y en Nikolai Patrushev, el responsable de los servicios de seguridad rusos (FSB) solo han servido para enturbiar temporalmente las relaciones diplomáticas entre Rusia y el Reino Unido.

De momento el gobierno ruso solo ha decidido tomarse las acusaciones como una muestra más del “fino humor británico”. Que nadie espere pues acciones contundentes ni reales amenazas. Como mucho, algunas expresiones de descontento mutuo al estilo de la Guerra fría, que ya parecía un vestigio del pasado.  Aunque el pasado siempre vuelve.

+ info:

Informe Litvinenko completo (inglés, PDF). The Litvinenko Inquiry. Report into the death of Alexander Litvinenko. Ponente: Sir Robert Owen. Enero de 2016.

El difícil “ménage à trois” de Rusia, Ucrania y la UE

22 Dic

Conectados

Semana del 16 al 22 de diciembre de 2013

Autora: Samia Benaissa Pedriza

Putin, la UE y Yanukovych.

De izda a dcha., póster de Viktor Yanukovych. Autor: Abode of Chaos (Licencia CC),
logo de la UE sobre mapa de Ucrania. Autor: Outline of Ukraine.svg (Licencia CC) y caricatura de Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa. Autor: Donkey Hotey (Licencia CC).

Encaje de bolillos. Eso es lo que ha estado haciendo Ucrania esta semana. Negociando a dos bandas, incluso a tres, si se tiene en cuenta el conflicto con los manifestantes de la plaza de la Independencia de Kiev en contra del ingreso de Ucrania en la unión aduanera con Rusia y a favor del acuerdo de asociación con la UE, este último en suspenso sine die. Rusia como Ucrania estas tres últimas semanas también ha tenido que enfrentarse a la agitación ciudadana en fechas recientes. El año pasado, Putin vivió una multitudinaria y violenta concentración de manifestantes en la plaza Bolótnaya de Moscú al poco tiempo de ser reelegido presidente del país. Pero lo que pareció haberse zanjado con la detención de centenas de manifestantes de la oposición al régimen del presidente ruso ahora vuelve a la palestra mediática en un segundo acto de cara a la galería: la amnistía de unas 25.000 personas encarceladas por actos (no graves) de alteración del orden público con motivo del 20 aniversario de la constitución rusa.

Un gesto de “buenismo” de Vladimir Putin hacia su población y otro más hacia sus vecinos ucranianos a los que ha ofrecido comprar bonos de su deuda pública por valor de 15.000 millones de dólares -sin condiciones- así como una rebaja del precio del gas que le suministra a través del monopolio ruso Gazprom.

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